ZAHA HADID | Una arquitecta visionaria

 

 

Al conocer la muerte de Zaha Hadid, tan inesperada por temprana, la sentí cercana y extraña. Desde la primera vez que oí hablar de ella, despertó mi curiosidad y mi admiración. Una mujer iraquí formaba parte del grupo de profesionales que estaban redefiniendo las formas arquitectónicas de finales del siglo XX, y toda ciudad con vocación de prestigio, quería contar con su impronta. Sus diseños eran creativos, audaces, brillantes y visionarios, pero para mí lo más sorprendente era que había conseguido el reconocimiento y la fama internacional. Al margen de la polémica que envuelve a los llamados arquitectos estrella, Zaha Hadid era la única que había alcanzado el “Olimpo de los dioses de la arquitectura” siendo mujer y nacida en un país del llamado “Tercer Mundo”.

Con esta artista iba, y voy, de sorpresa en sorpresa. Los trabajos que comenzaron a hacerla conocida y respetada en el mundo de la arquitectura fueron trabajos teóricos. En sus dibujos y primeras propuestas ya desplegó un lenguaje personal no exento de líneas y formas que hablaban de su sólido conocimiento y admiración por los proyectos suprematistas y constructivistas. Antes de haber construido ningún espacio ya era reclamada para dar conferencias en medio mundo. Sus proyectos utópicos, como los de los grandes maestros Boullé, Ledoux o Saint Eliá, ella logró materializarlos.

En su primer encargo importante, perviven las formas agudas, geométricas y desafiantes pero adaptadas al paisaje, la Estación de Bomberos de Vitra (1993) encaja en el terreno y dialoga con él. En este proyecto materializó sus propuestas teóricas y su descubierta diagonal, abandonando los ángulos de 90 grados, sorprendió.

 

Museo Messner Mountain

 

Su formación como matemática le dio la solidez científica necesaria para experimentar con nuevas formas y conceptos. Su voluntad de crear nuevos paisajes va tomando forma poco a poco, definiendo su estilo y dirigiéndose a lo que se ha llamado una arquitectura fluida. Fluyen los interiores y fluye el exterior integrándose en el paisaje. En ocasiones su arquitectura es tectónica, como el Museo Messner Mountain en los Dolomitas, que parece surgir como una estructura geológica futurista. Sin embargo en la Ópera de Guangzhou, las formas descansan como en el lecho de un río, y el interior se expande con suavidad, como un interior creado por las ondas del sonido, es como ver modelar la materia con la música de una manera sublime.

Sus formas se crean desde el espacio interior al exterior, pueden tener apariencia escultórica pero no lo son. No se añade ni se quita materia, ésta surge al exterior al crear el espacio interior, en un diálogo coherente y fluido. No se trata de mero artificio como podemos encontrar en los proyectos de otros arquitectos del grupo estrella.

 

Ópera de Guangzhou

 

Hay quien habla de un nuevo paradigma arquitectónico: el Parametricismo, desarrollado junto a su colaborador Patrik Shumacher, a través de complejos softwares informáticos. Ellos mismos definen este nuevo estilo como el primero que supera y resuelve los problemas del estilo moderno, racional y funcional heredado de las vanguardias. En sus propias palabras:

“La premisa del parametricismo es que todos los elementos urbanos y arquitectónicos deben ser paramétricamente adaptables. En lugar de ensamblar figuras geométricas rígidas y herméticas (como han hecho todos los estilos arquitectónicos anteriores), el parametricismo introduce elementos maleables en un juego dinámico de receptividad mutua y de adaptación contextual.” (Hadid y Shumacher, 2011)

Entendiendo la arquitectura como disciplina global, no es tampoco ajena al mundo del diseño, donde también ha dejado la impronta de su creatividad. En la serie de mobiliario Liquid Glacial o en la Aqua Table reconocemos su personal estilo y el parametricismo aplicado al diseño de producto. Diseño de mobiliario, iluminación, interiorismo, papeles pintados, joyería, zapatillas para Adidas, prototipos experimentales como los zapatos Flames impresos en 3D para la Semana del Diseño de Milán de 2015, diseños para la Revolution PreCraft que busca democratizar el diseño de estructuras prefabricadas, etc.

 

Liquid Glacial (izquierda) y Aqua Table (derecha).

 

Ha sido distinguida con numerosos premios. Ganó dos veces el premio de arquitectura más importante del Reino Unido, el RIBA Stirling Prize. Ha sido la primera mujer en ganar el Pritzker en 2004, primera mujer en recibir la Medalla de Oro del Royal Institute of British Architects. También ha ejercido como docente en diferentes centros como la Universidad de Harvard, la de Illinois, la Universidad de las Artes Aplicadas en Viena o Escuela de Arquitectura de Chicago. Y distinguida con diversos honores como ser nombrada miembro honorario de la Academia Americana de Artes y Letras, miembro del Instituto Americano de Arquitectura, incluida en la lista Forbes de las mujeres más poderosas del mundo, etc. La lista es abrumadora.

Sin embargo, a su muerte uno de los primeros titulares que leí fue definirla como una arquitecta “de físico rotundo”. Es indignante que en pleno siglo XXI sigamos pensando bajo obsoletos esquemas androcéntricos. También tuvo que lidiar con los comentarios dedicados a la cubierta del Estadio Al Wakrah en la ciudad de Doha, cuyas sus formas orgánicas están inspiradas en una embarcación de pesca típica del emirato, y en publicaciones tan serias como The Independent o The Guardian, fue descrita como una vagina. En palabras de la artista, “si un hombre fuera el autor del proyecto, los críticos no habrían hecho estas comparaciones”. Pero ¿y si lo fuera?. Los skylines de las ciudades están llenos de totems falocéntricos, no hay más que ver la Torre Agbar de Jean Nouvell o la Torre 30 St Mary Axe de Norman Foster.

Era consciente de la problemática a la que las mujeres han de enfrentarse día a día en el mundo de la arquitectura y los profesionales que la rodean como los promotores y constructores. También de la educación que recibe una mujer, de la falta de confianza y autoestima que precisa de un esfuerzo titánico por parte de la mujer para seguir luchando en lo que cree. Declarada feminista, también era consciente de que se había convertido en un referente para visibilizar a la mujer. Pero también aquí recibió críticas. Se la ha acusado desde la posición de la dicotomía masculino-femenino, de no plantear en su arquitectura conceptos más femeninos y haber adoptado roles masculinos en el desarrollo de su profesión. Pero francamente, esta dicotomía de características de género asociada al sexo me resultan a estas alturas inconcebibles. ¿Se deben esperar cosas diferentes de un arquitecto por el hecho de ser mujer? ¿ser pionera, ambiciosa, creativa, decidida, contundente, rica, y no tener hijos, es sospechoso si eres mujer?.

Como su compañera de profesión, Izascun Chinchilla, lamento profundamente no poder ver la fuerza de su creatividad reposada y crecida con la sabiduría de los años. Desde mi punto de vista, Zaha Hadid es una heroína, un referente como mujer y profesional. Su trayectoria es épica como mujer, árabe e inmigrante. Todavía me pregunto cómo pudo hacerlo. Quién sabe si su fuerza procedía de la herencia ancestral de su origen mesopotámico.

 

Imagen de portada: Retrato ilustrado de Zaha Hadid por Eva Viera.


Publicado por Carmen Sevilla [ Creadora mutante, investigadora y profesora de diseño ]

 

Si te parece interesante, ¡comparte!Email this to someoneTweet about this on TwitterShare on Facebook0Share on Google+0


Leave a Reply