VERÓNICA RUTH FRÍAS | Humor crítico
La artista cordobesa Verónica Ruth Frías combina la crítica y el humor para tratar la construcción de lo femenino, la maternidad, la masculinización de la cultura o la violencia machista. Ni Marina Abramovic escapa a su certera ironía cuando se trata de hacer visible lo que la sociedad se empeña en invisibilizar, ¿quiénes nos cuidan?. Con cámara en mano y acción performativa pone foco en todo aquello que le chirría del arte y la vida. En plena preparación de su photobook “YO” que recoge gran parte de su trayectoría artística, hemos querido preguntarle por sus trabajos, procesos y su día a día.
Tu trabajo se mueve entre el humor y la crítica, ¿cómo o por qué surgió ese maridaje?
Cada persona se enfrenta a la vida de una determinada manera: hay gente triste sin motivos para estarlo y gente que sonríe a cada paso por muy dura que pueda llegar esta. Esas diferentes personalidades se exportan al artista que eres ya que, para mí, la experiencia artística es una réplica de nuestra experiencia vital. Todos tenemos la necesidad de contar nuestras “miserias” de una determinada manera, conformándole un estilo determinado, ese que lo hace tuyo y no de otro. Conozco artistas realmente tristes que conciben la creación como un proceso de sufrimiento y lleno de momentos terribles, sin embargo, al igual que hago con mi vida, yo prefiero tomarme el arte con cierto tono de humor e ironía antes de vivir en un mundo amargo en el que sólo tenga cabida la depresión –Ya lo probé y me tuve que ir al psicoanalista-.
Y desde esta sonrisa dulce, o amarga según se mire, puedo llegar a la gente que es mi primera y fundamental misión, comunicando mis pensamientos y reflexiones mediante el uso de este lenguaje, el humor puede ser un arma muy afilada. Creo que la forma que tengo de contar mi vida a través del arte no ha sido una decisión meditada sino que es un reflejo de aquello que soy.
La performance, la fotografía y el vídeo. Este trío disciplinar también está muy presente en tu trabajo, pese a que en tus inicios parece estar más presente la pintura. ¿Te enamoró algún lenguaje antes que otro? ¿cómo surgió esta multi-relación tan estable?
Siempre que doy una conferencia sobre mi trabajo termino con uno de los millones de videos que ha grabado mi padre en el que se me ve, con aproximadamente 8 años, junto mi madre en la playa nadando de manera bastante perruna y en el que miro directamente a cámara. Ese hombre detrás de la cámara, que ha recopilando desde mis primeros pasos hasta las dolorosísimas contracciones que tenía antes de dar a luz a mi primera hija, es un coleccionista de recuerdos y ha conseguido que para mí, éste, sea un medio con el que me siento muy cómoda trabajando, se podría decir que es un lenguaje familiar. Aunque realmente no fui consciente de este hecho hasta que me apunté al curso, organizado por la Filmoteca de Andalucía, Cómo convertir tu guión en una película, cuando me di cuenta que mis piezas, hasta entonces pictóricas, podían ir más allá, que la pintura, en cierta forma, limitaba todo lo que quería contar. Así que le cogí prestada la cámara a mi padre y me puse a investigar.
Con el vídeo accedo a un desarrollo formal más amplio que, unido a la fotografía, me permite, además, la documentación de acciones efímeras o performances que realizo, un trío disciplinar al que incorporo objetos o instalaciones que se relacionan directamente con las piezas videográficas con vistas a una exhibición lo más completa posible del proyecto en cuestión. Y es que desde que en 2005 comencé con mis primeros proyectos en soporte video no he podido, o no he querido, desvincularme de este medio que me da la inmediatez que la pintura me impedía –Soy una persona impaciente y si pienso algo necesito hacerlo para ayer-.
El “divorcio” entre obra y espectador debido, entre otras razones, a la creciente teorización del arte es uno de los temas que te rondan, por ejemplo en tu trabajo Tonto el que lo lea.
Tonto el que lo lea es un proyecto que partía del cuestionamiento sobre la teorización del arte y si ésta ayudaba, y de qué manera, al conocimiento de la propia obra de arte o si se trata tan solo de un artificio más que rodea a la creación. En esta pieza mi pareja Cyro García, también artista, y yo unimos esfuerzos y aparcamos nuestro “yo” para su concepción y formalización. Partimos de una frase infantil, “Tonto el que lo lea”, que ambos habíamos escrito en nuestra infancia miles de veces –y que convierte en TONTO a todo el que la lee- con la intención de generar una reflexión crítica entorno a esa teoría que acompaña al arte contemporáneo, algunas de ellas escritas a posteriori.
La primera parte de este proyecto fue la documentación y exhibición de esta frase tatuada en mi escápula derecha, por la que me siguen parando por la calle cada vez que alguien la lee. La segunda parte es un video documental donde realizamos el mismo cuestionario a los diferentes agentes que tienen relación con el arte como son los críticos, comisarios, galeristas y los propios artistas en el que profundizábamos sobre los intereses de este proyecto que aún no se ha cerrado completamente. El “divorcio” entre la obra actual y el público no especializado es una realidad y es algo contra lo que lucho diariamente porque mi máxima siempre ha sido acercar el arte y su comprensión al mayor número posible de espectadores como ya hicera en Disfrazando el arte.
Y la performance, ¿te ayuda a acercarte al público?
Realmente las performances con público que he realizado han sido contadas, en general mis acciones son más íntimas, es decir, son videos que desarrollo en cualquier momento y lugar, sin avisar y sin dar explicaciones –Me planto delante de la gente y poso con mi hija vestida de SúperM o me voy al medio del campo a enterrarme-. Sin embargo, sí es cierto que cuando realizo acciones con la participación del público el proyecto se divulga con mayor facilidad y rapidez debido a que el contacto directo con los espectadores hace que la compresión de la pieza sea más completa y en consecuencia deje de ser una obra de arte incomprensible y críptica. Así que en cierta forma la performance ayuda al mejor entendimiento de la pieza pero no porque sea un lenguaje más sencillo de comprender, sino porque al estar la artista in situ siempre cabe la posibilidad de entablar una conversación a continuación para profundizar en la pieza.
Así Mira que si te quise o Leche de artista fueron acciones pensadas y hechas para que participase la gente. En esta última, y gracias a la invitación de Pedro Alarcón, pude llevar a cabo una idea que me rondaba la cabeza desde mi primer embarazo: Envasar y numerar mi propia leche y dársela a los 20 participantes que de antemano se habían apuntado para participar en ella. Un proyecto que parte de la ironía, como suele ser normal en mi trabajo, en torno a una de las figuras de la Historia del Arte: Piero Manzoni. Si Manzoni envasó su mierda para hablarnos del mercado del arte, algo sucio, yo envasé mi leche, el alimento y sustento vital de mi hija. Y con ello llegar a plantear cuestiones como ¿Qué es un artista? o ¿Para qué sirve la leche de artista?
En algunos de tus trabajos tienes en cuenta la participación colectiva. Como en el caso de las mujeres que forman parte de la acción Semilla Blanca, donde guardaban el germen de sus deseos en un “óvulo” de cerámica que luego enterraban, o la más reciente NO en la que invitas a compañeras artistas y mujeres de España y México a alzar un grito que haga eco al “no” que Ana Mendieta arrojó en su caída al vacío a manos de Carl Andre. Un grito en contra de la desigual representación de la mujer en el mundo del arte y, por extensión, de la violencia machista. ¿Cómo ha sido la vivencia de este apoyo colectivo a tu propuesta? ¿Has encontrado historias que te han reafirmado en continuar expresando esta denuncia?
Cada día encuentro más interesante pasar de lo individual a lo colectivo, es decir, partir de una idea concreta y desarrollada a priori y hacérsela llegar a un sinfín de personas para que la formalicen desde sus propias perspectivas o habilidades. Para ello me sirvo de diferentes plataformas y redes sociales que me permiten una mayor difusión. Son proyectos abiertos que se van configurando a medida que van llegando las piezas de las participantes. En concreto el proyecto NO, realizado para ABC Cultural, tuvo una acogida brutal, más de lo esperado, y ha hecho que puedan participar, hasta la fecha, más de 200 mujeres de España y México, algo que sin las nuevas tecnologías de la comunicación hubiese sido inviable. Y lo mejor es que todas nos hemos unido en un grito peludo contra una situación social que afecta directamente a las mujeres.
Lo que me atrae de estos proyectos colectivos es ver como mi idea, que un día fue privada e íntima, pasa a formar parte de un ámbito público, ya que una vez que la lanzo deja de pertenecerme sólo a mí y pasa a todas y cada una de ELLAS. Estar expectante cada día para ver qué te llega por email es una emoción irrepetible y hace que estos proyectos de participación colectiva cada vez tengan más peso en mis creaciones. Nunca sabes como puede salir y esa incertidumbre me gusta.
No sólo con el proyecto NO he encontrado historias terribles que me han reafirmado en la necesidad de este tipo de trabajos reivindicativos y conectados con problemas reales de nuestra sociedad. De la misma manera en Mira que si te quise, donde me puse en manos de distintas mujeres para que me fuesen cortando el pelo, ha habido mujeres que se han visto reflejadas en esta pieza y me comentaban que sus parejas las agredían tirándoles del pelo, un objeto fetiche en nuestra sociedad. Por todo esto, y más, creo que hay que continuar en este camino porque el arte conmueve y puede transformar conciencias.
Ya en el 2005 te paseabas por los pueblos de Andalucía disfrazada de artistas reconocidas/os en un juego de acercamiento del arte a 16 pequeñas localidades. ¿Qué es para ti el disfraz?
El disfraz me permite adquirir otras identidades, introducirme en otras personalidades que nada tienen que ver conmigo, o al menos visualmente. Es poder ser un hombre, una niña o una vieja; es poder ser Andy Warhol, Frida Kahlo o Mariko Mori; es poder ser Superman y Clark Kent; es ser todos y ninguno a la vez. Partiendo siempre del uso de mi cuerpo puedo adquirir múltiples identidades con un simple cambio de look, puedo ser quién quiera y en consecuencia hablar de lo que en ese momento preciso me interesa para cada proyecto específico.
Al ver tus series de autorretratos muchos tienen un elemento común: una peluca rubia. ¿Quién se esconde y quién surge bajo ella?
De pequeña me encantaban las pelucas que tenía mi abuela en su peluquería, me intrigaban esos objetos que pertenecían a algunas de sus clientas –a las cuales yo conocía- y que con gran mérito ella recomponía cada semana. Colgadas del perchero parecían personas sin personaje debajo, una imagen surreal que me transportaba a pensamientos acerca de las dueñas de aquellas pelucas y sus personalidades representadas en aquella extensión de su pelo. Mi abuela no nos dejaba ni tocarlas pero yo me las ingeniaba para probármelas a escondidas y sentía, en cierta forma, a esas otras personas a las que pertenecían, era un poco como suplantar su identidad.
Esta es la chica de la peluca rubia, mi alter ego que me permite un distanciamiento necesario con mi persona. Es la parte de mi YO que no tienen vergüenza y es capaz de desnudarse en público sin ningún tipo de pudor. Detrás de ELLA se esconde una mujer con una pareja, dos hijas, una casa con hipoteca, una perrita, tres gallinas y una gran familia de hámsters; a la que no le gusta ponerse desnuda en la playa porque se quema; alguien a quien no le obsesiona el orden, aunque lo intenta; una mujer a la que le encanta disfrutar de la soledad y lleva años acompañada. En conclusión se puede decir que soy una persona de lo más normal que tuvo la suerte de enfocar sus “anormalidades” hacia el arte y así seguir a salvo dentro de un mundo de locos menos normales de lo que yo me creía.
En el 2007 desarrollaste un proyecto que cuestionaba los clichés y roles sociales de la mujer, Comiendo Perdices. ¿Cuándo y por qué comenzó tu interés por cuestionar la construcción social de lo femenino?
Siempre me tocaba las narices que no me regalasen un coche teledirigido por mi cumpleaños porque eso era de chicos, que me llamasen “machopingo” cuando me subía a los árboles o que me dijeran esa frase de “Compórtate como una señorita”. En esos momentos tenía la necesidad de gritar NO y decir que no me parecía bien, pero no lo haces, eres una niña y haces caso, pero sentía que algo en el ambiente no me cuadraba. Ese algo raro que flotaba en el ambiente no era otra cosa que una sociedad patriarcal y machista.
Ahora tengo dos hijas que hacen que todavía me fije más en esos detalles chirriantes de esta sociedad “fálica”. Cuando me pongo a leer o ver alguna serie infantil me percato de cómo las mujeres son representadas, llenas de estereotipos y desigualdades y veo cómo esos clichés nos son vendidos desde pequeñas siendo muy difícil el desprenderse de ellos –y lo digo por propia experiencia-. Intento leer entre líneas para sacar lo positivo pero ¿Cuántas mujeres son las protagonistas en películas de acción o lucha? ¿El 1% del volumen total? ¿Cuántas son las mujeres en puestos directivos de grandes empresas? ¿El 5%? o ¿Cuántas mujeres optan a la presidencia del gobierno de España? –Ninguna–. Es ridículo. No pretendo que seamos iguales a los hombres porque no lo somos, y lo más importante, no queremos serlo. Lo que intento desde mis proyectos artísticos es sembrar semillas de reflexión que pueda crecer con el tiempo y que sirvan para intentar cambiar el pensamiento hegemónico de la sociedad en la que vivimos para las próximas generaciones. Porque mis hijas serán las mujeres del futuro y no quiero para ellas un mundo con tantas desigualdades.
También cuestionas la supremacía masculina en el mundo del arte con mucho humor en la serie Muñecos inflados. ¿Cuál ha sido la respuesta de los artistas interpretados por estos muñecos? ¿Aprecias sensibilidad por parte de compañeros artistas hacia este tema?
Mi intención en este proyecto no fue faltar al respeto a nadie sino hacer una broma “canalla” jugando con los nombres de varios de los artitas masculinos con mayor proyección del arte andaluz para reflejar a hombres-objeto. Hombres que, al igual que pasa con muchas mujeres, son aquí sometidos por el sexo contrario. Las premisas fueron claras: tenían que ser hombres, artistas reconocidos y reconocibles, que sus nombres permitiesen un juego de palabras y ser andaluces. Los elegidos fueron Mp&Mp Rosado, Manolo Bautista, Juan del Junco y Carlos Aires.
Tras la selección de los candidatos, y para ser correcta y que no hubiese malos entendidos, preparé el proyecto y se lo envié a cada uno de los que serían representados por los muñecos hinchables. Del único que recibí respuesta fue de Carlos Aires que me dijo –Perfecto– los demás callaron, por lo que entendí que les había encantado mi propuesta y estaban deseando ver los vídeos. Con los hermanos Rosado he tenido la oportunidad de hablar más tarde y, aunque sé que al principio no les gustó nada, me comentaron que hace tiempo que se ríen del vídeo porque entendieron que la intención no era ofensiva ni personalista, aunque llevase su nombre, sino que intenta hablar de esa supremacía masculina que asfixia al género femenino.
Esta obra está inconclusa, me faltan dos videos por grabar, pero quiero que sean mis hijas las protagonistas y que, de esta manera, recojan el testigo de la lucha que no acabará hasta que haya un cambio de mentalidad serio y profundo en las sociedades humanas.
Un aspecto importante de tu trabajo gira en torno a la maternidad. En Yo quiero mucho a mi mama reflexionas sobre la relación con la madre y la propia identidad. Más tarde tu propia maternidad se sitúa como protagonista de tus piezas. ¿Cómo ves ahora la transición creativa de hija a madre?
¡Joder! Es mucho mejor ser hija. La hijas como tales creamos y criticamos sin ningún tipo de preocupación ni carga sobre nuestros hombros, salvo los propios. Como madre todo cambia y la tortilla se da la vuelta: ahora eres tu quién debe organizar, ordenar (y ordeñarse) y regañar mientras que tus hijas intentan hacer y deshacer a su manera –Al final a todo se acostumbra una-. La única diferencia real que encuentro entre el antes y el ahora es el poco tiempo del que dispongo para crear, bueno más bien para formalizar, porque mi mente nunca para de tener nuevas y “brillantes” ideas (je, je, je).
Creo que la intensidad de mi trabajo no ha cesado en ningún momento de mi vida, ni creo que se pueda parar ahora, es una cuestión mental no física, por lo que no me importa llegar a ser una señora viejecita mientas mi cabeza me pertenezca, crear será mi misión en esta vida. En la mía, en la tuya y en la de cientos.
Uno de tus personajes más conocidos es la supermujer, SúperM. Cuéntanos sobre esta personificación y la incorporación de tu hija en tus piezas, sobre la maternidad en el movedizo terreno del arte.
Para mí fue una transición muy difícil, pasar de alguien que nunca había tenido ese instinto maternal del que hablan –ni había cogido ningún bebe en mi vida- a ser madre a tiempo completo, y eso no es sencillo. Yo trabajaba en mis proyectos artísticos a los que llamaba hijos e hijas y no me había planteado tener ninguno real. Luego, por motivos de amor y otras cuestiones que uno ni llega a comprender, mi pareja Cyro y yo decidimos ser padres y eso cambió nuestras vidas para siempre y que conste que a día de hoy estamos más que felices con esa decisión.
De esta manera el proyecto SúperM fue para mí un proyecto necesario para poder afrontar aquel reto tan enorme que se me vino encima. A mis 32 años no sabía nada de embarazos, partos o niños, me sentía desnuda. Así que creé a mi súper alter ego para enfrentarme a todos mis miedos y dudas: una Súper mujer-madre-artista. El proyecto cuenta todo el proceso de SúperM, desde la confección del traje, pasando por la transformación hasta llegar al nacimiento y primer año de mi hija Myna. La primera parte son piezas preparativas y de espera, mostrando lo súper cansada que puedes llegar a estar. A medida que Myna iba creciendo el personaje se fue adaptando a las necesidades del bebe, protegiéndolo y dándole seguridad, una seguridad que partía del propio personaje creado.
Así que la incorporación de mis hijas y mi nueva condición de madre a mi propia creación ha sido de lo más natural, al igual que introduje agapornis en una de las piezas conjuntas con Cyro cuando compartíamos vida con ellos. Eso sí, ahora ya no necesito a SúperM, he conseguido ser esa mujer que puede con todo aquello que se exige y en el camino he aprendido a reírme de las buenas y de las malas madres. Porque lo que ahora si sé, es que todas somos grandes mujeres.
¿Cuál suele ser la reacción de otras/os artistas o el público a la participación de tu hija?, no es algo habitual.
No, no es algo habitual porque se ha estandarizado que las mujeres profesionales con hijos no los muestran, así cumplen con un perfil “más profesional”. Si los enseñas y te los llevas al senado ya ves, arde Troya. A mi entender hay un problema con la “crianza sin apego”, en la que bebés se ven abandonados en guarderías desde sus cuatro meses porque ambos progenitores tienen que incorporarse al trabajo.
Las propias mujeres, muchas veces, dictaminamos qué es lo que tienen o no tienen que hacer otras mujeres. Así lo categoriza Abramovic en una entrevista: “Las mujeres no están tan preparadas para sacrificarse por el arte como los hombres. Las mujeres quieren tener familia e hijos y además dedicarse al arte. Pero, siento decirlo, eso no es posible. Tenemos un cuerpo y para ser artista hay que consagrarlo a ello por completo. El arte exige el sacrificio de todo, incluida la vida normal”. Ahora nos damos cuenta de que durante años hemos tenido que dejar muchas cosas de lado para poder conseguir nuestras metas profesionales. Unas metas a las que los hombres acceden sin mayor dificultad debido a que tradicionalmente ellos no se han encargado de la prole o del hogar. Así que si hay que llevarse los niños al senado y a cualquier lugar que nos pertenezca para reivindicar esta acción me parece genial.
Por mi parte, no puedo separar mi vida del arte que realizo, por eso mis hijas forman parte de mi universo creativo. El público en general y compañeros de profesión entienden mis representaciones, muchas mujeres se ven reflejadas en las reflexiones que planteo en SúperM por ejemplo, y me comentan que ellas también pasaron por lo mismo. Hoy en día todas nos hemos tenido que convertir en súper mujeres que pueden con todo y esto también es una mierda. Está claro que planteo cuestiones que entroncan con discursos o problemáticas universales que llevan mucho tiempo abiertas y que, seguramente, seguirán abiertas cuando yo me muera.
Otra persona importante en tu recorrido artístico y vital es tu pareja Cyro García, también artista. ¿Formáis un equipo creativo? ¿Cómo colabora en tus piezas?
Sí, somos importantes el uno para el otro y el otro para el uno, somos una pareja creativa que se nutre mutuamente. En casa siempre andamos inventando, en nuestro hogar siempre hay algo que hacer: ya sea una maqueta de la prehistoria para el colegio de nuestra hija o un nuevo proyecto de arte. Tanto Cyro como yo siempre andamos metidos en alguna historia que nos trae de cabeza y ambos somos el apoyo del otro. Tenerlo cerca beneficia mi trabajo al igual que tenerme cerca beneficia el suyo. Los dos somos creadores compulsivos pero con desarrollos diferenciados: él es más metódico y teórico, estudia y mide cada proyecto al milímetro antes de su formalización y yo soy más de improvisar sobre la base conceptual específica de cada proyecto, me gusta dejar que la idea vaya tomando forma según los propios acontecimientos.
Aparte de todo esto Cyro participa muy activamente en la producción de mis piezas debido a que, al salir yo en todas las instantáneas y vídeos, necesito a alguien que haga ese trabajo técnico y él lo hace a la perfección –coloca el trípode como nadie-. Se podría decir que somos un equipo perfectamente engrasado.
Mencionas que Cyro también es feminista, ¿cómo lo aplicáis en el día a día?
Me encanta decirlo aunque sea una chorrada pero mis hijas tienen mi apellido el primero y no es porque Cyro sea menos hombre que otros, es por una cuestión puramente estética surgida del diálogo entre personas adultas. Cuando se tienen hijos la pareja debería sentarse y ver qué apellido funciona mejor con el nombre elegido y no dar por hecho que será el apellido del padre el primero por pura tradición, y yo siempre me pregunté –¿Y por qué?–. Creo que no debería ser una imposición social sino más bien un entendimiento entre las partes que comparten un fin común. Como anécdota mencionar que yo puse mi apellido primero pero él fue el que decidió que quería que los nombres de sus dos hijas llevaran Y griega, como su padre le puso a él.
Cyro es parte indisociable de mi, él participa en casa y con las niñas porque siente la responsabilidad, no con un fin colaboracionista sino de implicación real. Él no se define como feminista, sino como igualitarista ya que todos los humanos deben ser tratados como iguales socialmente en virtud de la ley y la sociedad en su conjunto, pero sin dejar de lado el desarrollo individual y del propio pensamiento personal. Es una palabreja que me encanta, igualitarista, y define a la perfección como deberían ser muchas de las cuestiones dentro de nuestra sociedad porque nadie debería ser considerado diferente o inferior por su raza, religión, sexo, orientación sexual, etc.
Para terminar, cuéntanos sobre el photobook que estás preparando. Por lo que he visto en tus redes, es una gran retrospectiva impresa para llevarse a casa.
Es un proyecto importante para mí porque es la primera vez que tengo la posibilidad de recoger gran parte de mi producción en un solo volumen. Todo comenzó el año pasado tras participar en JällPhoto y ver que todo el mundo tenía un fotolibro –yo también quería el mío, pensé- y me puse manos a la obra. Hace unos años parecía que los catálogos de artistas impresos estaban obsoletos pero a día de hoy han resurgido como libros de autor donde ya no sólo es una publicación sino que se han convertido en obras de arte en sí misma, seriada y dedicada si se solicita. Para la elección del contenido conté con Fernando Gómez de la Cuesta que, además de escribir el texto central del fotolibro, conoce mi carrera artística desde mis primeras exposiciones, y con Cyro García como diseñador.
Llegamos a la conclusión que lo mejor era realizar una catalogación de las obras en una línea cronológica desde las primeras piezas en las que aparezco embarazada hasta las últimas obras que he realizado donde ya aparece mi segunda hija. Se titula YO, como no podía ser de otra manera, y recoge las series: Te presto mi cuerpo, Muñecos inflados, SúperM, El método Abramovic, A 153 cm, Leche de artista, Mira que si te quise y NO. En definitiva es un recorrido sobre mis múltiples representaciones y mutaciones de los últimos años. Y que espero que no solo se convierta en un libro indispensable dentro del sector artístico, sino que cuando mis hijas lo miren vean la multitud de regalos que les hice.
¿Y tus próximos proyectos?
Recientemente, Cyro y yo hemos terminando el primer vídeo de una nueva serie Electronic information superhighway en la que volvemos a trabajar en conjunto y que versa sobre cómo recibimos y asimilamos toda la información que nos llega a través de Internet.
A corto plazo me planteo finalizar el proyecto A 153 cm y poder revisar toda la historia de las diferentes religiones planteándome si Dios hubiese sido mujer.
A medio plazo estoy preparando dos exposiciones colectivas que serán en primavera y de las que no puedo hablar pero que prometen ser importantes, una en Madrid y otra en Sevilla.
Imagen de portada: SúperM de Verónica Ruth Frías
Publicado por Eva Viera [Artista visual y fundadora de Inquire Project]









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