ENTRE LÍNEAS #1 | María Mercromina

 

 

Sus poemas forman parte de antologías como Apuestas, nueve nuevos poetas de La Bella Varsovia, o la versión digital de Tenían veinte años y estaban locos, además de haber ganado diversos premios. El último, el I Certamen de poesía de la Casa de la Juventud de Córdoba con Wifi tear us apart again. La principal razón para hablar con María es que es una de las poetas españolas que más nos gusta, pero lo que realmente despertó mi curiosidad fueron sus fotos de cabras en Twitter. Y es que María es poeta y veterinaria. Para prepararme, rastree su presencia online y me encontré con un montón de páginas, así que comenzamos la charla haciendo un resumen de ésta con su ayuda:

 

Los proyectos de María Mercromina

Un pez en mi boca, blog personal.

Cuaderno de Campo, blog más relacionado con la veterinaria.

Animalario, con Emily Roberts, es una selección sobre Todos los animales que somos.

Ciudades Esqueleto, también con Emily Roberts, sobre ciudades y poesía.

The Other Woman. Cuéntanos un poco más de esta página.

Pues si te soy sincera, este tema nació de los celos, del miedo a esa desconocida que aún hace sombra en la relación. A veces es un fantasma creado por ti misma, otras, alguien que insiste y que no se quiere ir. Decidí hacer una especie de antología en Tumblr, donde pudiera recoger imágenes, textos, poemas… todo lo que girara entorno a “la otra”. Reconozco que está muy parado ahora por falta de tiempo, pero sí os cuento que pronto, The other woman se hará realidad en un fanzine colaborativo que llevaré a cabo con la artista Henar Bengale.

No te va a doler , con Ana Müshell

Belles Maladies. ¿Qué reúnes aquí?

Pues es una especie de cajón de cosas de internet que no tienen nada que ver. Gifs, poemas, listas, ilustraciones, frases sin sentido, fotos, citas… En Belles maladies todos encuentran un sitio donde quedarse.

¿En qué proyectos estás más activa ahora?

En No te va a doler, el proyecto que llevo a medias con Ana Müshell, y en Sputnik!, un rincón donde escribo todos los viernes en Gonzoo, el diario digital joven de 20minutos.

¿De dónde surgen estas ganas de ir creando de esta forma suelta, impulsiva, en lugar de centrar todo lo que haces?

Bueno, la verdad es que creo que es un reflejo de lo que soy. No puedo parar quieta. Siempre estoy trabajando o tramando. Aunque también pienso que todo esto no se puede centrar, porque no tienen nada que ver, por ejemplo Ciudades esqueleto con No te va a doler.

¿Qué te gusta de colaborar con otras artistas, como por ejemplo haciendo el fanzine con Ana Müshell?

Colaborar con otras artistas, como Ana, supone llegar a ideas y trabajos a los que yo no podría llegar sola. Me encanta trabajar con ella porque es muy responsable y siempre saca tiempo de donde sea para dibujar y darle forma a todo lo que se me pasa por la cabeza. Por muy absurdo que pueda parecer al principio, ella siempre lo consigue. Tener una compañera así, con un feedback tan positivo, es genial y facilita mucho todo.

¿Qué opinas de internet y todo el ruido que existe ahí dentro? ¿Te perturba o crees que es una herramienta valiosa para hacer red y conocer a otros artistas? Personalmente, creo que es un arma de doble filo.

Adoro la red. Internet nos da mucho y forma redes y comunidades. Claro que, como en todos lados, hay cosas buenas y hay cosas malas. Pero ahí entra el criterio y el buen gusto de cada uno. Sí es verdad que con internet todo el mundo puede enseñar lo que hace, te guste o no, y todo el mundo tiene algo que enseñarte siempre (insisto, te guste o no). También pienso como tú, es un arma de doble filo. Me da pena las personas que se crean una vida irreal en internet y luego tienen una vida vacía y triste. Pero internet también es bonito, gracias a la red he conocido a gente genial, a amigos, he descubierto escritores, poetas y periodistas enormes… Es una herramienta valiosísima, te pongo como ejemplo Los perros románticos: una comunidad de escritores y poetas nacida de la red. La idea de que siempre hay alguien al otro lado me perturba, sí, pero también me fascina.

Una de las cosas que haces en la red es seleccionar poesía, fotografías, historias, gifs… Creo que eres una gran recopiladora online. Al sentarte a escribir, ¿también existe ese deseo de fijar experiencias y sentimientos?

Totalmente. Cuando me obsesiono por un tema o algo en concreto, investigo, leo, recopilo y lo comparto. De ahí las antologías. Ciudades esqueleto nació de la nostalgia por Lisboa, Animalario, de la constante que ha marcado y marca mi vida: los animales… Me gusta coleccionar postales, flores, plumas, figuritas de animales, fotografías antiguas… ¿por qué no iba a hacerlo también en internet?

En Lodo y dolor celeste, escribes una frase con la que me identifico mucho: “-odiar el vuelo y el nido porque sabes, hija, es imposible realizar ambas cosas a la vez-”. ¿Cómo es tu relación con el vuelo y el nido?

Pues la de una pelea constante, la de la búsqueda por un equilibrio entre el origen y el mañana, entre la ascensión y la caída.

Y siguiendo con tus poemas, en Ceremonia, escribes “otra pobre que murió creyendo que tenía veinte años hablando de novios”: ¿qué es para ti crecer?

Esa pobre de la que escribo es mi abuela Teresa. Tenía alzheimer y pensaba que era su amiga adolescente, con la que hablaba de chicos, y a la que le enseñaba las cartas que le mandaban sus pretendientes. No sé si sería capaz de delimitar las palabras y decirte, mira, esto es crecer. Sí te puedo contar que desde que trabajo me siento más adulta, pero incompleta, porque sigo viviendo en casa de mis padres, ya que no llego a alcanzar un sueldo que me permita independizarme yo sola. Y a veces me enrabio, porque me siento una eterna adolescente escondiéndose en su cuarto de mamá y papá para hablar por teléfono. Y sé que no soy la única, y no me puedo quejar, porque no he tenido que dejarlo todo como muchos amigos y volver a la casa de tu familia, a empezar de cero. Pero joder, somos la generación más preparada para qué, ¿para que nos expriman? ¿Para irse? ¿Para estrellarse? Y cansa la incertidumbre de no saber cuánto tiempo nos tiraremos así.

¿Cuáles son los escritores que leías en tu infancia y adolescencia? ¿Qué nuevas voces te gustan?

De pequeña leía a Elvira Lindo, a Miguel Delibes, Lorca, Juan Ramón Jiménez, Miguel Hernández… Pero leía cualquier libro que estuviera a mi alcance, porque descubrí muy pronto el placer de leer. Lobo Antunes y Tavares son dos de mis escritores de cabecera. También Carson, Gabriela Llansol, Pessoa, Al Berto… en fin, no podría parar. ¿Nuevas voces?: Elena Medel, Alberto Acerete, Berta García Faet, Gabby Bess, María Yuste, Lola Nieto, Chus Pato, Luna Miguel, Patricía Lino, Daniel Bernabé…

Parece que el panorama poético español cuenta con mucho talento joven, ¿crees que la poesía en España está en buena forma?

Está en muy buena forma. Gente joven que escribe y que inventa, que se reúne y que forma comunidad. Poesía enorme, por ejemplo, como la de Elena Medel, que escribe y que además, es editora, entre otros trabajos, de La Bella Varsovia.

Cuando pienso en jóvenes poetas españoles, lo primero que me viene a la cabeza son Elena Medel y Luna Miguel, lo que creo que es una buena señal para un campo tradicionalmente dominado por hombres, ¿opinas que la calidad y cantidad de jóvenes poetisas conseguirá equilibrar esta balanza?

Mira, justo antes, te he nombrado a Elena y a Luna. Creo que finalmente se equilibrará. Porque el trabajo y la buena intención siempre dan sus frutos, además de que son dos poetas enormes. Por cierto, como el título del documental de Sofía Castañon, no se dice poetisa, “se dice poeta”.

Me gusta mucho tu sección en Gonzoo, que visibiliza a muchas mujeres interesantes, ¿cómo surgió esta linea editorial, lo consideras una forma de activismo?

Pues Sergio Sauce contactó conmigo a través de twitter y ahí empecé a trabajar. Me hizo muchísima ilusión, y me sigue haciendo, claro, trabajar en un medio como Gonzoo, que forma parte de 20 minutos y en el que tengo mi espacio y total libertad para escribir. Decidí centrarme en mujeres, la mayoría de ellas nada visibilizadas y ninguneadas. Escritoras, científicas, activistas… todas mujeres que cambiaron la historia y que quedaron a la sombra. También en Sputnik! tienen cobijo los animales, los libros, y alguna que otra historia particular.

¿Te consideras feminista? Si es así, ¿nos puedes contar cómo nace este compromiso?

Yo creo que sí soy feminista. Y quiero que el feminismo una y no divida. Juntas haremos más, y mejor. Trabajo en un campo que prácticamente siempre ha estado dominado por hombres, pero he tenido la suerte de tener un abuelo y un padre que nunca vieron mi género como obstáculo en mi profesión. Tengo la suerte de trabajar en una empresa en la que de ocho, siete somos mujeres, y todos hemos sido elegidos por ganaderos. Eso es un paso, ¿eh?, de hecho, siempre lo cuento: con la gente del campo no tengo ningún problema, y en cambio, en la literatura, me encuentro con gente que me acusa de no ser feminista por hacerme fotos en Instagram y pintarme los labios de rojo. ¿Qué tiene eso que ver con el feminismo? O anónimos que cuestionan mis gustos musicales o hablan del “gusto abominable” que tengo para elegir novios, de verdad, ¿qué importa eso en mi forma de escribir? ¿Se habla de las novias de los escritores? En fin…

En alguna entrevista contabas que cuando leías y escribías mientras estudiabas veterinaria, la gente se sorprendía porque estabas estudiando ciencias y te gustaba la literatura, como si fuera algo excluyente. ¿Por qué estudiaste veterinaria, en vez de por ejemplo hispánicas? ¿Cómo compatibilizas la poesía y la veterinaria, y cómo se alimentan la una de la otra?

Estudié veterinaria porque he tenido la suerte inmensa de tener una infancia preciosa en el campo rodeada de animales gracias a mi abuelo, que era veterinario, y me enseñó como nadie a querer la naturaleza, los animales y la profesión. Mi padre también es veterinario, por lo que creo que aquí la genética dice bastante. Desde pequeña lo tenía claro. Para mí, todo tiene que ver con todo, y todo se alimenta de todo. Sin mis animales, posiblemente, no podría escribir.

En la definición del Tumblr de Tenían 20 años y estaban locos dices: Quiere vivir en el campo, tener cabras y volver a montar la quesería de su abuelo. ¿Nos podrías hablar de esa unión con la quesería familiar? Si te embarcaras en un proyecto rural, ¿cómo te gustaría que fuera?

Mi abuelo junto a mi familia paterna, entre ellos mi padre, montó un rebaño de cabras y empezó una quesería pequeña con leche de cabra. Me encantaba pasar las tardes de verano allí ayudando a mi tío a hacer queso fresco. Y sigue siendo uno de mis sueños, tener una quesería pequeñita y vivir en el campo, rodeada de animales y con un huerto. Tengo clarísimo que si tengo hijos tienen que tener la infancia que yo tuve, y ya ellos que decidan lo que quieran hacer. Pero que tenga esa oportunidad de conocer el campo y tener cerca animales y naturaleza.

En relación a la agroecología, ¿percibes a la gente más concienciada con los modos de producción alimentaria?

Sí, un poco más, pero veo mucha ignorancia y mucho morbo en ciertos temas. También hay mucha moda. Ojalá la gente se conciencie más y apueste por una ganadería extensiva, por el slow food y por la soberanía alimentaria. Que apoyen a nuestros ganaderos y agricultores, que son los que nos dan de comer todos los días. Que consumamos local, y con cabeza.

Y en relación al trato a los animales (en granjas, ganaderías y como mascotas), ¿crees que ha mejorado en los últimos años?

En relación al bienestar animal, los pasos han sido gigantescos. De hecho, en la Unión Europea tenemos un reglamento al que ya le gustaría acercarse Estados Unidos. Debemos entender los modos de producción, y repito, comprar con cabeza, los consumidores tenemos el poder. Y hablar sabiendo, porque no se puede hablar mal de ganadería y meter a todos en el mismo saco. Un ganadero ecológico no es lo mismo que un ganadero convencional. Ni éste se acerca a un ganadero extensivo, que como el ecológico, la llave de su trabajo es el campo. Se hace mucho daño hoy en día hablando de este tema, y es algo que debería cambiar. No soporto la gente que es totalmente vegana y luego se harta de comer soja que viene de monocultivos en Argentina que antes eran tierras dedicadas al policultivo, con una cultura popular y una diversidad ambiental bestial que sustentaba un modo de vida único y campesino que se ha perdido completamente. Por eso, actuemos y compremos con cabeza.

Cuéntanos qué proyectos rurales te gustan, no importan si son nuevos o más tradicionales…

El movimiento slow food que he mencionado antes, y Laneras, que acaba de nacer hace poco.

¿Crees que es más complicado ser mujer en el campo, percibes el campo español como machista?

Yo ahora no lo veo así, pero hablo de mi situación y del sector en el que estoy y en el que me muevo. También es verdad que muchas mujeres hicieron mucho para llegar a esto y conseguir lo que tenemos ahora.

 

Fotografía de portada: María Mercromina, autorretrato


Publicado por Cristina Lagoma [Antropóloga, investigadora y activista, se alimenta en Fooddity]

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