PANTALLA SÓNICA #32 | Sara Brito
Este mes, en Pantalla Sónica, nuestra invitada es una mujer todoterreno. Hablamos de tropicalismos, viajes y familia con Sara Brito de Chico-Trópico. Una familia postcumbera, pionera en trabajar con los ritmos latinos en Madrid que, en los últimos años, ha crecido y evolucionado hacia proyectos musicales híbridos, sociales y de integración pero sin perder un ápice de buenrollismo y saaaaaaaaabor. A Sara, especialmente, siempre le agradeceré darme a conocer a Dick El Demasiado.
Hola Sara trópica, un placer tenerte en Inquire Magazine.
¡Hola Natalia! Me parece precioso contarte cosas sobre nuestro quehacer en Chico-Trópico, precisamente a ti, con quien hemos compartido muchas experiencias desde hace muchos años, al menos 9 creo yo. Yeah!
He seguido todas vuestras aventuras desde el principio de los tiempos y aunque me encantaría ir a todo lo que organizáis, resulta complicado, en plan bien, porque no paráis de hacer cosas. En los últimos meses estamos viviendo una explosión tropical gracias a proyectos como Pequeño Club Sonoro o La C.O.S.A y Súper: La opereta del barrio. Cuéntanos un poco sobre cada uno de ellos.
Antes que nada, decirte que me hace gracia eso de “la explosión tropical”, y es algo en lo que pensamos bastante, porque si bien lo de “trópico” está en nuestro nombre, origen y ADN, las cosas que venimos haciendo en los últimos años no responden tan claramente a esa etiqueta, aunque algo se cuela siempre, claro. Precisamente los tres proyectos que mencionas tienen en común varios intereses centrales en nuestros abordajes de los últimos años: la participación; son proyectos que ponen el foco en la música como vivencia, el juego y la creación de comunidad a través de lo musical.
La C.O.S.A es un proyecto central ahora en nuestras vidas y un generador enorme de experiencias. Es una caravana estudio de grabación que estrenamos hace un año y medio en el Distrito de Villaverde, gracias al programa CiudaDistrito del Ayuntamiento de Madrid, y que hemos activado en muchos otros puntos de la península, barrios, plazas, centros culturales, etc… En nuestra web están colgados los resultados (discos, vídeos, experimentos audiovisuales) y procesos que hemos llevado a cabo con ella en el último año y medio. Es una estación móvil de grabación y experimentación sonora de proximidad, un sistema de sonido ambulante al servicio de la ciudadanía o según sus siglas, un Centro Organizado de Sonido Ambulante. La C.O.S.A pretende “sacar” la cultura a la calle, generar espacios innovadores de convivencia vecinal, visibilizar la cultura comunitaria y llevar a cabo experimentos sonoros en la vía pública. Es muy emocionante porque al plantar la caravana en una plaza o calle, con todos sus instrumentos a disposición de las personas, se generan situaciones muy genuinas de experimentación, se generan bandas ad hoc entre gente que no se conocía, genera modos de relacionarse muy horizontales entre una vecindad y dota a las personas de medios de expresión en la vía pública que las empodera y les genera una experiencia feliz y creativa. Entre Pedro (Buschi), mi compañero en Chico-Trópico y yo canalizamos alianzas en plena calle y generamos un ambiente de confianza para que gente que no ha tocado jamás un instrumento se sienta cómoda en el proceso y experimente la vivencia de que hacer música tiene más que ver con la convivencia y el juego y menos con conceptos de éxito o competencia.
Mucho de esto hay también en Súper: La Opereta del barrio que, de hecho, es un proyecto que surgió como continuación de las activaciones de La C.O.S.A por los barrios del Distrito madrileño de Villaverde, donde llevamos trabajando desde 2016. La idea era crear comunitariamente un proyecto escénico con personas que conocimos grabándolas en La C.O.S.A, y otras que no y que simplemente se sumaron a la convocatoria que era abierta. El proceso lo iniciamos en octubre de 2018 en el Centro Cultural Santa Petronila de Villaverde Bajo-Cruce con reuniones una vez en semana, donde fuimos conociéndonos, experimentando y generando comunidad con un grupo nuclear de unas 10 personas, de multitud de edades -desde 9 años hasta 70 y de diversas procedencias- y con colaboraciones puntuales de otras tantas, también externas como la artista Cris Vadillo que nos ayudó con el vestuario y la escenografía, o el grupo de jóvenes del Enredadero de Villaverde. SÚPER es la realización escénica de ese proceso, estrenada el pasado 23 de febrero en el parking del mismo centro cultural. Es una pieza escénica híbrida, que une performance, música, video y fiesta, y que creció en base a las vidas, intereses y deseos de las y los participantes, canalizados a través de nuestras propuestas y las suyas. Para nosotros fue clave el emplazamiento -el parking subterráneo del centro cultural- que nos permitió tener un punto de partida simbólico y físico que nos sacaba de la idea de teatro, y nos posicionaba bajo tierra, en los cimientos de un centro cultural, para desde ahí jugar con la idea de un pueblo formado bajo tierra y de la cultura underground que cada uno de sus miembros generan. La propuesta del espectáculo era invitar al público a asistir a la primera fiesta popular de ese pueblo subterráneo, construida a base de números muy lúdicos y experimentales que fuimos armando bajo el leit motiv de la supervivencia, que era una preocupación de cada uno de los integrantes del grupo, y de la súper vivencia, entendida como el territorio de los deseos. Lo más bonito de todo, aparte de la potencia artística que logramos entre todas en el estreno, fue que verdaderamente se formó un pueblo. Hemos generado una comunidad de afectos muy sólida y bonita con las personas que participamos y con las que seguimos en permanente contacto. Recibimos diariamente mensajes muy potentes, personas del grupo que nos dicen que ha sido “un despertar”. Te puedo decir que para Chico-Trópico ha sido y es de las experiencias creativas más poderosas de nuestras vidas. Hubo muchos abrazos y muchas cosas que se movieron a nivel personal y colectivo entre todos los que participamos. Para nosotros es la constatación de que lo experimental no está alejado para nada de lo popular, cuando se hace con honestidad, y desde el juego y el compromiso. Ojalá podamos volver a representarla.
Finalmente, La isla de los sonidos es un parque de juegos sonoros que hicimos con otros dos colectivos con los que solemos colaborar desde hace años: DART y Súpermanazas. Juntos creamos un grupo de investigación llamado Pequeño Club Sonoro. Fue un proyecto que hicimos en su fase beta gracias a las Ayudas a la Creación del Ayuntamiento de Madrid y que partía de nuestra experiencia y la de los otros colectivos como madres, padres y gente interesada en la introducción de la enseñanza musical no ortodoxa a la infancia. Construimos un parque sonoro con materiales orgánicos a modo de isla, donde las niñas y los niños, mediante su juego simbólico y libre, generan música mediante sonidos previamente creados por ellos mismos en talleres de experimentación. Una instalación para tocar, jugar, generar músicas y ambientes. Todos los elementos que la conforman llevan integrados botones, altavoces, micrófonos o sensores controlados por un arduino. Lo presentamos y probamos con niños y niñas en Matadero Madrid en el verano de 2018, donde constatamos el uso feliz que hacían del espacio, pero también detectamos mejoras y posibles mutaciones. Fue un proceso muy arduo, hecho con muy poco presupuesto y mucho esfuerzo, que esperamos poder activar pronto, porque con este proyecto ha ocurrido un parón que no logramos entender muy bien y que necesitamos analizar a mayor profundidad. Pensamos que era un proyecto que iba a ser más sencillo y estimulante para reactivarlo pero lo cierto es que estamos analizando las razones por las que no ha tenido tanto movimiento como otros. Seguiremos trabajando en él.
Seguimos repasando todas vuestras aventuras, que son muchas, recientemente habéis trabajado con peques en La isla de los sonidos, como nos acabas de contar, pero existía ya una experiencia anterior con la propuesta audiovisual, San Borondón, que se presentó en diciembre del 2016 en La Casa Encendida. ¿Fue quizás el germen para todo lo que vino después? Me refiero al trabajo junto a les niñes.
Efectivamente hasta 2016 no habíamos hecho nada particularmente para público infantil, pero veníamos trabajando con La Casa Encendida en varios proyectos como Bailen, aquel primer encuentro de sistemas de sonido latinoamericanos que hicimos en 2016. Y el equipo de LCE nos invitó a montar un concierto para niñas y niños dentro de su programación En Familia, supongo que basándose en que 1) a nosotros nos va el juego, y 2) teníamos ya por ese entonces un niño, León, así que el lenguaje infantil lo teníamos como muy a flor de piel. Una cosa que nos suele pasar es que muchas cosas nacen de una invitación o una incitación, presuntamente sencilla, y nosotros acabamos liando una mucho mayor. Lo que hicimos con San Borondón fue construir un concierto audiovisual con un concepto mucho más escénico, a medio camino entre una obra teatral y un concierto. Fue un proceso muy divertido que funcionó muy bien, y que sí que supuso un punto de partida para idear más cosas para público infantil con ejes como la participación, humor y cierta radicalidad.
Echo en falta proyectos interesantes, como los vuestros, que integren niñes y familias, vosotros estáis muy a tope con este tema. Sin entrar en asuntos personales, pero se sabe que Chico Trópico es ¡una familia real!. Os imagino a vosotros mismos en casa, que visteis esa necesidad de generar ciertos proyectos en este sentido y conciliar mejor vida y trabajo.
Je je, sí, algo de eso hay, si bien no es consciente en plan: ahora vamos a hacer cosas para niñas y niños ya que tenemos a los nuestros. Es un proceso intuitivo y casi de supervivencia, de verte mezclado en la vivencia de la crianza, que es claramente muy experimental, y eso trasladarlo a tus proyectos. Los focos de interés claramente se van moviendo a medida que vives y está claro que montar conciertos y “la noche” es menos compatible con una vida con hijos. Luego también sucede que te empiezan a llamar para hacer cosas para público infantil, una vez que hiciste algo y funcionó. Pasa lo mismo con proyectos de participación, es nuestro interés, vemos que hay mucho más campo de ejercer la experimentación como la entendemos desde Chico-Trópico, desde el juego, muy basado en el cuerpo a cuerpo, en los afectos, en la mezcla de música popular y acercamientos más radicales, y luego empieza a generarse una red en la que se te empieza a conocer por eso y la rueda empieza a avanzar.
Lo que está claro es que cuando hacemos cosas para niños y niñas lo hacemos pensando en cosas que a nosotros nos gustan, nos motivan, sin reducir en nada la exigencia y sin crear necesariamente un lenguaje más sencillo para ellos. Simplemente desatamos nuestro lado más infantil, que está muy presente en general en todo lo que hacemos y que se basa fundamentalmente en la imaginación y la intuición.
Mientras charlamos, descansas (un poco) de la última roadmovie con La C.O.S.A que os llevó hasta el MACBA de Barcelona para formar parte de “allez!” ¿De qué trataba el encuentro y qué colectivos y proyectos estaban por allí?
Era un encuentro sobre “prácticas ambulantes y museos dispersos”, muy interesante y donde pudimos conocer proyectos como Antropoloops o Makea tu vida que nos gustaron mucho. Si bien fue estimulante, en tanto en cuanto te hace pensar e intercambiar experiencias, sí es cierto que sentimos varias cosas: No nos sentimos muy cómodos en el terreno de la teoría, máxime cuando estamos hablando de procesos culturales participativos y no hay en la mesa ningún “participante”, cuando se habla de hospitalidad y no hay “invitados” del otro lado de los agentes culturales, sean independientes como nosotros o institucionales. A veces sentía el esfuerzo en el lenguaje para ser inclusivos pero falta de cuerpo, de hablar en la acción, de escuchar a los que hacen uso de esos dispositivos o programas de educación cultural. Nosotros estuvimos activando La C.O.S.A en la plaza por las tardes de la jornada, ahí cuerpo a cuerpo con los y las skaters de la plaza, con la gente que pasaba o estaba en el espacio público, y quizás notamos más esa fricción entre el hablar con cierta terminología académica y el estar haciendo. Es cierto que necesitamos hablar entre nosotros/as para pensarnos y reflexionar, pero quizás de otra manera, no dentro del museo sino en debates más en la plaza, sobre el terreno. Recientemente leí a Nacho Bilbao de Cross Border Project haciendo una reflexión en facebook que básicamente iba por ese lado, y me parece muy valioso que lo pensemos. El decía:
“El lenguaje y el pensamiento académico son herramientas del sistema para que no nos entendamos. Parecen lo contrario, tienen buen fondo (a veces) pero no, no funcionan. Nuestros discursos hiper sofisticados, hiper críticos e hiper leídos solo nos separan de la gente a la que le afectan las movidas de las que hablamos…me parece preocupante la cantidad de tiempo que empleamos en sofisticar discursos, creo que es un problema. Y bueno, a mí la academia me interesa cada vez menos, creo que es una forma muy euroblanca de volver ortopédicas cosas orgánicas (en el arte especialmente)“.
Estoy bastante de acuerdo con esa reflexión, aunque hay muchos matices. No digo que el lenguaje y el pensamiento sean innecesarios, sino que quizás debemos pensar en hacerlo de otra manera. Es como lo de pensar el baile, ¿y si bailamos?
¿Habrá próximos viajes con La C.O.S.A?
¡Sí! Nos vamos a Oviedo otra vez en mayo, y estamos pendientes de cerrar otras activaciones. Nos apetece mucho hacer kilómetros con La C.O.S.A y crear encuentros con gente en diferentes partes. Es un proyecto muy flexible al que queremos sacarle todas las aristas.
Hagamos un flashback hasta 2010, el principio de todo con la primera edición del festival Chico Trópico en Casa De América. ¿Esa fue la primera actividad del colectivo? ¿De dónde salió la urgencia en Madrid de trabajar más específicamente esos estilos?
En 2010, Chico-Trópico no era un colectivo, sino un festival que me inventé al regresar de vivir unos años en Ciudad de México y vivir muy a fondo la escena de cumbia experimental y nuevos sonidos tropicales que se estaba cociendo a principios de los 2000 en toda Latinoamérica. Yo estaba muy enganchada a esa música y aquella escena me había reconciliado con la música con la que había crecido en Tenerife: cumbia, salsa, merengue, boleros, etc… Y que había quedado medio cubierta por capas y capas de música anglófona. Por ese entonces trabajaba de periodista, en la sección de Cultura de Público, ¿recuerdas? Sí, y en mi poco tiempo libre decidí montar un festival que trajera a Madrid algunas de las bandas que más me habían volado la cabeza y que me ayudaran a borrar las caras de estupefacción de mucha gente cuando les hablaba con ardor de la cumbia: aquella primera edición en Casa de América fue reducida y un experimento que se convirtió en una experiencia mítica para las personas que asistimos. Dick El Demasiado, Los Síquicos Litoraleños y Sonido Changorama desplegaron una modalidad de experimentación con sonidos latinoamericanos muy potente. En ese primer festival nos conocimos Pedro Buschi y yo, él tocaba con Los Síquicos y con Dick el Demasiado, nos enamoramos y pasamos a trabajar juntos cuando él llegó a vivir en España en marzo de 2011. Hicimos dos festivales más: 2011 en Casa América y 2012 en Matadero Madrid, en la extinta Nave de la Música. Y paramos de hacer festivales año a año, creo que cuando ya había creada una escena apasionada por la cumbia y otros sonidos venidos de latinoamérica y habían surgido otros colectivos que programaban conciertos con asiduidad como Guacamayo en Madrid, por ejemplo. Además fuimos padres en 2013 y eso cambió muchas cosas. Creo que Pedro y yo compartimos algo tácitamente: nos gusta cuando las escenas son pequeñas y radicales, en cuanto crecen, nos sentimos más cómodos pasando a llevar a cabo otras acciones que nos vuelven a situar en unos márgenes donde estamos mucho más cómodos.
Durante estos últimos años, si bien hemos estado centrados en proyectos más híbridos, hemos seguido haciendo puntualmente festivales y conciertos de formato reducido que es la medida en que nos sentimos cómodos. Tenemos especial cariño a minifestivales como Festivaluno, el festival de solistas insólitos, que hemos hecho durante los últimos 3 años en ese templo que es el Salón Ritmo y Costumbres, un auténtico oasis dentro de Malasaña, uno de los pocos locales que quedan sin la pátina gentrificadora, y que es un punto de encuentro de la comunidad peruana en pleno centro de Malasaña. Es un festival muy radical y muy familiar por donde han pasado desde Parody a Julián Mayorga, Lorena Alvárez, Clara Collantes, Ojo último, Rodrigo Cuevas, Clara te canta… y un sin fin de artistas que nos gustan y nos motivan, y donde desplegamos un concepto de juego en la puesta en escena que nos resulta muy divertido. Además, allí sucede algo que nos gusta mucho que es la mezcla de públicos: viene gente asidua de la escena musical alternativa de Madrid, pero también el público habitual del Ritmo y Costumbres. Por otra parte, siendo una familia, muchos de nuestros proyectos surgen de un deseo “doméstico”, por ejemplo en el caso del Festivaluno era una ocasión para salir, tocar, juntarnos con artistas que nos gustan, y pasar una noche loca de música que nos alejara un poco de la crianza pura y dura. Este año estamos de descanso pero volverá. Quizás en el calendario de festejos que queremos generar en 2020 cuando cumplamos ¡10 años! ¡Estaremos atentas a ese aniversario!
¿Qué recuerdos guardas, ahora en la distancia de ese eventos y de quienes participaron?
Jo, pues muchos y muy bonitos. Sobre todo, fue el origen de una nueva vida para mí, que me permite vivir de forma creativa y un poco desde los márgenes del sistema, donde la vida es precaria y difícil, pero también libre y estimulante. Además, muchas de las personas que pasaron por los primeros Chico-Trópicos son muy amigas, colaboradoras, un poco familia. Además, aquel primer Chico-Trópico de 2010 fue el origen de al menos 4 parejas, que yo sepa, que se conocieron en el festival y que continúan hoy con o sin hijos. Realmente creo que fueron encuentros donde había una energía de amor muy bestia, poco pastelosa, muy radical, en el sentido de muy directa. Y eso sigue pasando hoy en proyectos como La C.O.S.A o La opereta del barrio, donde se da una red afectiva muy fuerte y muy franca, poco complaciente.
Antes no había cumbia, los más jóvenes hacían ascos al reggaeton, al merengue. y sin embargo de un tiempo a esta parte estamos viviendo un auténtico boom y estos ritmos se escuchan y bailan muchísimo. Desde el hecho de ser pionera en traer estos ritmos a Madrid, ¿a qué crees que se debe ese cambio, esa aceptación popular por estas músicas?
Bueno, la cumbia existía, a tope. Jajajaja, ya. Me refería a que eran ritmos desconocidos casi al otro lado. Sólo que no estaba aceptada por ciertos públicos urbanos, con formación académica y cierto nivel socioeconómico que validaban y validan lo que existe o lo que no. Hubo una anglofilia muy bestia en España, sobre todo en los noventa y primeros 2000, que tiene multitud de razones, y que hoy está un poco más diluida y que se refleja no sólo en la presencia de ritmos latinos sino en la cantidad de bandas que cantan en español y que acuden a referentes de la música popular latina e ibérica. Pero piensa en lo popular que era Machín o Pérez Prado en la España de los cincuenta y sesenta, o el bolero, Los Panchos o grupos que desde España hacían cumbias y otros ritmos latinos. Son movimientos pendulares que existen en todos los aspectos de la vida, y también que responden a razones históricas y movimientos de afiliación que, ahora, se han disparado con internet y las redes sociales. Además como mola aceptar que disfrutamos bailando con músicas muy del cuerpo, poco mentales, muy directas y disfrutonas.
No me quería despedir, porque para mi ha sido una de las grandes revelaciones de este año, gracias a verle en su programa de TV que no conocía, sin comentar vuestras colaboraciones con el genial diseñador Palomo Spain ¿En qué le habéis acompañado y como trabajáis juntos en la puesta en escena de sus desfiles? Soy muy fan.
¡Es una maravilla Palomo! Lo conocimos en septiembre de 2016 cuando se puso en contacto con nosotros para musicalizar en directo su primer gran desfile en España, de la colección Boy walks in an Exotic Forest, que tuvo lugar en los jardines del Museo Lázaro Galdiano. Estaba empezando a hablarse de él pero no era el bombazo mediático que es hoy. Era (y es) una persona muy cercana, y aquel primer desfile, a pesar de ser extravagante y muy potente, tenía algo autoproducido, loco, descacharrado y descacharrante, en el límite, que nos encantó. En esos momentos sus desfiles eran una autoproducción con su familia, que venía al completo de Córdoba. Incluso el que cortaba el jamón en el cocktail de después era un vecino de su pueblo, Posadas, que lo conocía desde pequeño. Eso nos encantó. Desde entonces, hemos hecho la música de todos sus desfiles, hasta WunderKammer que fue brutal, en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Sólo hemos faltado en el último que presentó en Nueva York, pero estamos haciendo la música para un vídeo que cuenta el periplo desde Posadas a Nueva York en este último desfile. Pedro es el que compone más las piezas, obvio, él es el músico del colectivo y yo hago mis pinitos pero me dedico mucho más a la producción, si bien las pensamos entre los dos, y luego las ejecutamos juntos en directo. Con Palomo hablamos del concepto que él va a manejar y empezamos un juego de referencias y pruebas y vamos ajustando la música al universo muy performático que el genera en sus desfiles. Es una colaboración muy bella porque él de alguna manera también es un marciano en el mundo de la moda y nos gustan su osadía y sus ganas de jugar. Esperamos seguir haciendo cosas juntos. ¡Pero nosotros ni hemos visto su programa en la tele! Estamos desenganchados de la parrilla televisiva, imagínate el otro día veía Saber y ganar en casa de mi madre y pensaba en que podría estarlo viendo a los 14 años y hubiera sido lo mismo. ¡Ese es el nivel de actualización respecto a la tele que tengo! Pues te animo a ver su programa la próxima que vayas a casa. Esta temporada he aprendido lo que es una “jareta”.
Muchas gracias Sara
¡A ti, Natalia!
Imagen de portada: Retrato de Sara Brito
Publicado por Natalia Piñuel [Productora cultural desde Playtime Audiovisuales y coordinadora de la plataforma She makes Noise]












