ROSA MARTÍNEZ de EQUO | Ecología, feminismo y política
A unas semanas de las elecciones municipales y autonómicas, nuestra búsqueda de modelos femeninos se detiene en la política. Queremos contar con la opinión de una mujer, con un alto cargo dentro de la política y que se reconociera como feminista. Hemos tenido la suerte de contar con Rosa Martínez, coportavoz de Equo, que nos ha dado su visión sobre ecología, política, maternidad y cuidados.
En tu perfil de Twitter te defines como ecologista, feminista y madre. ¿Qué opinas sobre que en momentos de crisis económica, feminismo y ecología ocupen un lugar secundario?
Debería ser de otra manera, obviamente. Las crisis económica, social, ecológica, política que estamos viviendo son consecuencia de no tener en cuenta el ecologismo y el feminis
mo.
La crisis ecológica se debe a que estamos construyendo una sociedad basada en el uso intensivo y la explotación de recursos naturales, sin tener en cuenta los límites del planeta. La salida pasa por hacer políticas desde una perspectiva ecológica.
Respecto al feminismo, creo que se nos olvida que el sistema en el que vivimos es posible gracias al trabajo invisibilizado de las mujeres. Si se remunerase el trabajo de cuidados y producción de alimentos realizado por mujeres en todo el mundo, el sistema colapsaría. Es un trabajo que genera mucha riqueza, pero como no se contabiliza en dinero, no aparece en ningún sitio. Vivimos en un sistema explotador de recursos y de personas que está construido desde la desigualdad, por lo que hay que incorporar el feminismo y el ecologismo para construir un sistema que corrija estas crisis y las desigualdades que estamos viviendo.
Siguiendo con el ecologismo, ¿cómo percibes la conciencia ecológica de la ciudadanía española? ¿Crees que la ecología interesa a la gente?
Las circunstancias sociológicas, económicas y políticas de la sociedad española hay que valorarlas en el contexto del resto de países de Europa, y aunque parezca que hay una menor conciencia ecológica en comparación, creo que está aumentando. En Europa, en los años 70, cuando todo el movimiento ecologista, antinuclear, pacifista, se pone en marcha, aquí estábamos en plena Transición y las prioridades eran otras. Cuando los movimiento sociales ecologistas se convirtieron en partidos, en España estábamos construyendo nuestros propios partidos políticos…
Según el CIS, el 7% de los españoles se consideran ecologistas, pero nos falta traducir esa preocupación a la política. Al escuchar a la gente decir que recicla, que no tira papeles, que da dinero a Greenpeace, me parece que nos quedamos en una idea muy simple de lo que es la ecología. Yo soy ecologista porque considero que las personas y el medioambiente deben estar en el centro de las políticas. Sólo respetando el medioambiente como parte de lo que somos y no como un recurso a nuestro servicio vamos a poder respetar los derechos de las personas.
¿Desde cuándo te defines como ecologista? ¿De dónde surge tu activismo?
Nunca he militado en colectivos ecologistas, pero he tenido la suerte de que en mi casa me han enseñado ciertos valores: reutilizar, recuperar, respetar la naturaleza. La educación ecologista que yo viví en los 80 era algo básico: no tires basura, ojo con los incendios, con la contaminación de los ríos… Personalmente, siempre he tenido claros los conceptos de sostenibilidad y respeto al medioambiente, que no se podía poner el desarrollo económico por encima.
Cuando en Julio de 2011 leo el manifiesto de Equo y veo toda esa introducción transversal del medioambiente en las políticas, la justicia social, los derechos humanos… me veo reflejada porque me doy cuenta de que hay una ideología política, la ecología política, que aglutina todo lo que yo pensaba. Yo me sentía políticamente verde sin saberlo porque no me había llegado el mensaje en formato de partido político.
Y tu activismo feminista, ¿cuándo y cómo surge?
De forma parecida. Yo era feminista sin definirme como tal. Siempre he tratado de rebelarme contra lo que la sociedad esperaba de mí como mujer: en el colegio donde la profesora no veía bien que jugase al fútbol con los chicos, en el rol que tenía en los grupos de amigos, en lo que hacía en el tiempo de ocio…
Cuando empecé a trabajar llevando a cabo estudios sociológicos donde se trataba la igualdad y la perspectiva de género, comencé a articular mi pensamiento pero seguía sin definirme como feminista. Al entrar en Equo, en Euskadi, conocí a muchas mujeres feministas muy formadas, empecé a estudiar sobre ello y me di cuenta de que era feminista sin saberlo. Como si en el pasado hubiera tratado de diferenciar feminismo e igualdad. Cuando empiezo a leer y veo que lo que intuía y contra lo que me rebelaba tiene un nombre, patriarcado, y que hay gente que lleva muchos años estudiándolo para combatirlo, es cuando hago mío el feminismo y me doy cuenta de la importancia que tiene tanto nombrarlo como incorporarlo a las políticas.
Equo es un partido que se ha posicionado claramente contra el Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP) ¿Podrías explicarnos qué es y por qué creéis que hay que frenarlo?
Antes de nada, hay que aclarar que el TTIP es conocido gracias a que eurodiputados alemanes filtraron en marzo de 2014 documentos secretos sobre las negociaciones entre la Comisión Europea y Estados Unidos. ¿Por qué los verdes, no sólo Equo, vemos claramente que hay que luchar contra él? La razón principal es la democracia. El TTIP pretende que el único factor que rija la vida sea el beneficio económico. El TTIP supondría que las leyes de los Estados que regulan cómo nos protegemos de los tóxicos en los alimentos, de explotaciones perjudiciales para el medioambiente, cómo protegemos a los trabajadores y trabajadoras, la sanidad y la educación, van a quedar subordinadas a que haya o no beneficios económicos o que se pueda hacer negocio con esas cuestiones. No sirve de nada que votemos unos parlamentos que hacen leyes si con este Tratado quedan invalidadas según un criterio de beneficio económico, que beneficia a multinacionales y no a la sociedad.
El hecho de que sean negociaciones secretas es algo muy preocupante…
Si se está negociando en secreto no puede ser bueno. Cuando tienes algo positivo, y en esto es experta la clase política, lo vendes como algo muy bueno para la población. El que sea secreto es preocupante y antidemocrático, y por ello estamos luchando por una mayor transparencia en las negociaciones.
De todas formas, pararlo va a depender de la ciudadanía, no de los partidos políticos. La ciudadanía tiene que salir en masa a protestar para que a ningún gobierno europeo le sea rentable electoralmente seguir con el Tratado. Se han ganado batallas gracias a la presión social a lo largo de la historia y tenemos que ser conscientes de la fuerza que tenemos. Cualquier transformación de la sociedad a la que aspiremos los partidos es tan profunda que o tenemos detrás una mayoría social inquebrantable o no se va a poder llevar a cabo. Estamos en un punto en el que no vale tener las mayorías políticas, hay que tener la mayoría social. Ya no sirve echar el voto e irte a tu casa, ahora hay que echar el voto y seguir haciendo presión para que ese voto sirva de algo.
Me parece interesante algo que has dicho en el pasado: “es necesario que todos tengamos un poco menos para que todos tengamos algo” Ahora que estáis preparando el programa electoral, ¿qué medidas crees que son más importantes?
A mí me gusta el concepto del buen vivir, porque creo que resume perfectamente el tipo de sociedad a la que debemos aspirar como personas. Vivimos en la sociedad del tener y no del ser, y esto tiene que cambiar para que todos podamos ser felices. De este cambio me interesan tanto el resultado como la manera de llegar a él, que pasa por una transformación radical y profunda del modelo de producción y de consumo. ¿Cuáles son las medidas más urgentes? Para mí hay dos líneas de trabajo claras. La primera sería un plan de choque para hacer frente a la emergencia social: hay que afrontar la pobreza, los desahucios, el desempleo. En paralelo, hay que trabajar en cambiar el modelo para que en unos años no se vuelva a repetir esta crisis: hay que transformar el modelo energético, el modelo productivo, y los cuidados de manera que las mujeres se puedan incorporar a la vida pública laboral, política, artística y al ocio.
¿Y cómo crees que se podría crear empleo?
No se puede dejar exclusivamente en manos del mercado la creación de empleo. Los verdes apostamos por un cambio de modelo y una gran inversión pública en empleo verde que no tiene por qué ser empleo público. Ahí entraríamos en la transformación de modelo energético: una apuesta por las renovables, inversión en I+D, eficiencia energética, gestión de residuos. Habría que potenciar la agricultura ecológica, que necesita un 30% más de mano de obra que la industrial. Hay que poner el foco en las personas: cuidados, dependencia, niños, educación, sanidad… Otro punto importante sería la lucha contra la evasión y el fraude para poder financiar los programas necesarios para crear empleo y transformar el modelo. Es necesaria una reforma fiscal.
Pueden crearse estos empleos desde ahora mismo, pero no hay voluntad para ello porque son sectores que van contra los intereses del capital. Las multinacionales más poderosas son energéticas y alimentarias, así que si apostamos por la agroecología y por el cambio de modelo energético vamos contra el corazón del capitalismo.
Hemos hablado antes del trabajo invisible y no remunerado de las mujeres. ¿Cuál es la importancia de los cuidados y qué opinas del desmantelamiento de la Ley de Dependencia?
La situación de Ley de Dependencia es el ejemplo más claro de que la crisis y los recortes sociales están atacando la igualdad de las mujeres, su estado supone un paso atrás en los derechos de los dependientes y de las mujeres que los cuidan. Esta Ley tenía algo muy bueno: la corresponsabilidad de los cuidados entre las familias y las instituciones. La Ley había visibilizado este trabajo, lo había reconocido públicamente y lo remuneraba, y ahora lo vuelven a hacer principalmente las mujeres de forma invisible a costa de su desarrollo como personas. Cuando una mujer deja su trabajo para cuidar a familiares se produce una desigualdad económica, más vulnerabilidad, más riesgo de exclusión social, más posibilidad de sufrir violencia machista. La desigualdad en el reparto de cuidados está en el origen de la desigualdad en sentido amplio.
¿Por qué ligamos siempre cuidados y mujer? ¿No crees que deberíamos intentar cambiarlo y responsabilizar de ellos a los hombres?
Actualmente la mujer es la que casi siempre asume el trabajo de cuidados y reproductivos. Me gusta más hablar de corresponsabilidad que de conciliación. La conciliación es un mito, al final hablamos de dobles jornadas, de aparcar a las criaturas para que los padres y las madres trabajen ocho, nueve, diez horas. Tenemos que tender a la corresponsabilidad: los hombres tienen que dar el paso y asumir su parte de responsabilidad en este trabajo y las mujeres tenemos que aprender a desligarnos, porque parece que tenemos que ser siempre nosotras las cuidadoras, sobre todo en la maternidad.
Muchas veces al hablar de igualdad hablamos de educación, pero no podemos esperar a que crezcan las nuevas generaciones: los hombres adultos tienen que renunciar a sus privilegios. Y desde las instituciones, hay que adoptar medidas para que los hombres asuman la corresponsabilidad y las mujeres se liberen de esas cargas, que son sociales. Porque en este asunto ya entramos en las decisiones personales: cuando una mujer reduce su jornada o deja su trabajo para cuidar de sus hijos es una decisión personal, pero hay que verla dentro de un contexto cultural, ideológico y social determinado, y a día de hoy esa decisión está muy condicionada por el entorno.
El tema de la maternidad es muy complejo y merecería una entrevista aparte: desde las corrientes que apuestan por una crianza más natural al mensaje omnipresente de que puedes y tienes que ser buena madre, buena trabajadora, buena pareja…
Dentro del feminismo hay un debate sobre la crianza natural porque muchas lo ven como una trampa a la mujer ya que de alguna manera perpetúa la dependencia de los hijos… Creo que el feminismo tiene que luchar para que en libertad la mujer elija la maternidad y la crianza que quiera, porque la sociedad te dice cómo tienes que ser, y si no lo haces te sientes culpable. Tan necesario me parece que haya regulaciones y servicios públicos que ofrezcan guarderías para las familias que lo deseen como una flexibilidad laboral que permita llevar una crianza natural con tus ritmos y los de tu bebé.
Lo contrario a la crianza natural es la superwoman: tienes que ser supermadre, superprofesional, amante, culta… ¿y cuándo duermo? Se espera que una madre sea abnegada, que renuncie a todo por sus hijos, el misticismo de la feminidad de los años cincuenta ahora es el misticismo de la maternidad, parece que sólo puedes sentirte realizada si eres madre. Por otro lado, tener hijos se ha convertido en un negocio, el bombardeo de cosas que tienes que comprar a tus hijos es continuo.
Tienes muy claras las trampas del sistema, la falsa libertad de elección, ¿cómo crees que podemos luchar contra ello?
Es difícil, va más allá de la educación que recibes en tu casa o en la escuela. Tiene que ver con los roles y modelos de mujeres que nos están vendiendo en las series, en las películas, en las revistas, en los artículos que te dicen lo que tienes que hacer. Es muy complicado porque hay una maquinaria detrás que sólo busca generar unos patrones de vida que te llevan a consumir. En esta lucha, para mí es fundamental la autoestima de las mujeres, que si rompes con los estereotipos tengas confianza en ti misma para decir “sigo siendo yo, soy yo por lo que soy, por lo que quiero y no por lo que la sociedad espera de mi”, y eso es una asignatura pendiente.
En Equo trabajáis con listas cremallera, porque como has dicho alguna vez, “las cuotas sirven para visibilizar a las mujeres”, y das mucha importancia a la visibilización mujeres que puedan convertirse en referentes. ¿Por qué crees que son tan importantes los referentes?
Cuando las organizaciones son más abiertas, más transparentes, más democráticas, hay más mujeres participando que en sectores jerarquizados, y esto pasa tanto en las estructuras políticas como en el sector privado.
En relación a referentes políticos femeninos, la gente te dice que para qué los quieres si son Angela Merkel o Margaret Thatcher, que son mujeres que se sienten cómodas y confiadas con una forma de hacer política en la que los hombres se sienten a gusto por la educación que han recibido. Es importante ver mujeres en política, es la manera en que identificas automáticamente que puede ser para ti, que hay un espacio para las mujeres. Las mujeres han de ser visibles para que las demás veamos que se puede llegar.
Están surgiendo referentes políticos femeninos muy interesantes en toda España. Es curioso y a resaltar que las candidaturas ciudadanas de la transformación en Madrid y Barcelona estén encabezadas por Manuela Carmena y Ada Colau, que tienen una forma completamente distinta de hacer política a la tradicional, que son dos ejemplos impagables por su notoriedad mediática, el tipo de proyecto que lideran y su mochila activista de reivindicación y trabajo. Siempre digo que no hay más vieja política que la hecha exclusivamente por los hombres, pero todavía queda mucho por hacer, si miras quiénes son los candidatos a presidente, todos son hombres. Hay excelentes representantes femeninas que podrían estar ahí y no se les da protagonismo. Tienen que cambiar cosas dentro de los partidos, hay que trabajar los liderazgos femeninos, que se reconozcan y que la sociedad vea a una mujer con capacidad de liderazgo y arrastre.
¿Y cuáles son tus referentes personales?
Me fijo más bien en características de las personas, no hay alguien de quien diga que me gusta al 100%. Hay escritoras que me han marcado, como Jane Austen, con su manera de describir el mundo a través de ojos femenino tan certera. También me gusta Petra Kelly, y en general mujeres que han luchado en política, feminismo y en ecología, no necesariamente conocidas y reconocidas. Aquellas que hacen de su vida una causa por el bien común.
Fotografía de portada: Rosa Martínez, por Cristina Lagoma
Publicado por Cristina Lagoma [Antropóloga, investigadora y activista, se alimenta en Fooddity]







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