TERESA SUÁREZ | Fotógrafa social
A sus 22 años, Teresa Suárez apunta con su mirada fotográfica hacia una preocupación por las otras, los otros, les otres… Nacida en Oviedo, ahora dispara sus instantáneas por las calles del París más agitado, cotidiano, menos visitado. En la capital francesa finaliza sus estudios de comunicación audiovisual. ¿Su futuro?, “Si me hubieras hecho esta pregunta hace unos meses no sé qué te podría haber contestado… Ahora te puedo decir que mis planes son quedarme en París, comenzar otra carrera y seguir aprovechando todas las oportunidades artísticas que ofrece esta gran ciudad. No obstante, tengo muy claro que quiero dedicarme a la fotografía social, sobre todo ligada a las zonas de conflicto.”
¿Cómo nació tu relación con la fotografía? ¿Por qué has elegido esta disciplina para tu trabajo personal?
Desde pequeña siempre he querido ayudar a las personas, es algo fundamental para mí. Puede que suene un poco loco, pero hasta los catorce años mi objetivo era estudiar medicina para luego irme con alguna asociación humanitaria y poder hacer algo por la gente. No obstante, las artes siempre han sido algo que me han cautivado y en cuanto tuve mi primera cámara, una Casio Exilim compacta, pensé que a través de la imagen podía ser muchísimo más útil.
A los 17 años, con mi primera cámara réflex, una Nikon D3000, comencé a adentrarme en el mundo de la fotografía social registrando las manifestaciones en la zona de la Cuenca Minera asturiana. A los 18 me marché a Burgos a estudiar, y al estar más cerca de Madrid me escapaba siempre que podía a la capital para cubrir manifestaciones. Necesitaba probarme, saber que podría mantener la calma en una situación donde a la gente poco le iba a importar que fuera una mujer joven o fotógrafa… Y a partir de ese pequeño examen tuve la certeza que el fotoperiodismo es lo mío y que pese a los duros tiempos que atraviesa la profesión quiero dedicarme a ello, porque creo en el poder de las imágenes para dar voz a quienes no pueden hablar y despertar a aquellos que no quieren ver.
Nos gustaría conocer mejor tu proyecto TRANS, Historia de un colectivo. ¿Cuándo y por qué decidiste comenzar este proyecto? ¿Qué quieres mostrar y cómo es el proceso de trabajo?
Puedo decir que la aventura de TRANS, Historia de un colectivo es mi primer acercamiento al reportaje fotográfico. Comenzó de manera práctica en noviembre del año 2013, aunque de manera teórica ya había empezado meses antes a través de Mané, coordinador del área de transexualidad de la FEGLTB, al cual le planteé el proyecto y me ayudo en los primeros meses de investigación.
Mi idea es mostrar una versión diferente sobre la historia de este colectivo en nuestro país, que a pesar del gran avance de derechos en el colectivo LGTB, la transexualidad siempre se ha quedado un poco atrás y es sobre todo ahora cuando comienza a tener la difusión que se merece. Para ello trabajo tres puntos fundamentales: Activismo, me centro en las figuras clave del movimiento transexual siempre apoyándome en el significado de ser transexual en cada época; Historias personales, donde hablo con diversos protagonistas sobre qué significa para ellos la transexualidad y cómo les afecta en sus vidas; y por último Seguimiento, donde trabajo con una persona y documento todo su camino hasta que decida que este ha llegado a su fin.
Respecto a la metodología de trabajo siempre comienzo con las lecturas para así conocer el tema y poder comprender tanto a la personas como a la actualidad que las rodea, después contacto con las asociaciones para ver cómo podemos ayudarnos mutuamente y por último escribo a las familias intentado siempre que el primer acercamiento sea de manera presencial. Me parece muy frío conocerse por correos electrónicos y más aún hablar así de este tema, pero a veces no queda otra manera. A partir de esos tres pilares es cómo voy construyendo este proyecto.
¿Qué te aporta personalmente trabajar en el proyecto TRANS? ¿Y a las personas que participan? ¿Qué historias personales te han emocionado?
Este proyecto me aporta dos cosas diferentes. En un primer lugar crecimiento a nivel fotográfico, empecé con él cuando tenía 20 años y era una novata en el tema del reportaje, aún lo sigo siendo, pero poco a poco veo cómo voy avanzando, aunque si bien es verdad que está muy lejos de considerarse profesional. En un segundo lugar, y mucho más importante que el primero, me ayuda a crecer como persona. Siempre he creído que para ser fotoperiodista se ha de tener un sentimiento muy fuerte de humanidad, empatía y respeto sobre lo que estás fotografiando, si no es imposible comprender la historia y transmitirla.
Respecto a las personas que participan confío que este proyecto sea un instrumento para darles voz y que se muestren cómodas con lo que representa. Si bien es verdad que soy yo quien escribe y hace las fotografías, siempre he pensado que este proyecto es algo hecho entre todos y por tanto todos tenemos voz para opinar sobre el mismo.
Realmente todas las historias me sorprenden, porque pese a estar acostumbrada al activismo no es lo mismo cuando quieres tratar un tema de manera más íntima y personal. Por ejemplo toda la historia personal de María Jesús Lastra Lamar, la primera persona en denunciar el trato vejatorio que recibían las personas transexuales en las cárceles españolas, permitiendo meses más tarde que los transexuales lograsen una serie de derechos y que además contasen con una jurisdicción para la protección de los mismos ante los ataques transfobos, no solo de sus compañeros sino también del personal de la institución carcelaria cómplice absoluta de estos abusos.
Además de tu labor activista como fotógrafa, ¿participas en alguna asociación afin a tu activismo?
Actualmente estoy un poco desvinculada del movimiento asociativo por estar fuera de España y completamente concentrada en acabar este año mis estudios. No obstante, formo parte de asociaciones como Pagaille, de carácter completamente artístico, o AP2i, que realiza actividades en torno al diálogo intercultural. El año que viene espero poder estar más activa respecto a este tema.
¿Qué trabajos de apoyo al colectivo Trans recomendarias?
En referencia al tema transexual España le saca bastante ventaja a Francia en materia de derechos, por muy increíble que pueda parecernos. En fotografía destaco la serie Sex and Revolution in Cuba de Nuria Lopez Torres, que admiro profundamente, o la serie All Imperfect Things de Pep Bonet, ambos trabajos muestran una visión muy dura del universo transexual. Hay trabajos más optimistas, claro que sí, pero pienso que hay que ser consciente de la crudeza en la que muchas personas viven para tener una fuerte motivación y que tu trabajo sirva de algo.
Has realizado otros proyectos sobre sexualidad no normativa como Soy bisexual, ¿en qué consistió?
Soy Bisexual fue mi primer trabajo en el colectivo LGTB para la asociación asturiana XEGA. Tratábamos los clásicos estereotipos en torno a la bisexualidad, la falsa creencia de que es un transición a la homosexualidad, la bifobia en la sociedad y dentro del propio colectivo, la idea de infidelidad, etcétera. De aquella tenía 19 años y la verdad es que estaba completamente asustada, no sabía si estaría al nivel de lo que ellos pedían para el Día Internacional contra la homofobia, transfobia y bifobia, pero al final el resultado les gustó aunque he de confesar que me gustaría retomar este trabajo en un futuro para actualizarlo y hacerlo mejor.
¿Qué te ha llevado a Paris? ¿En qué proyecto estás trabajando en estos momentos?
Varios motivos, pero ante todo decidí este destino porque necesitaba un reto. Estaba cansada de las ciudades pequeñas y necesitaba un ambiente que me ayudara a crecer en todos los sentidos, así que en cuanto vi que podía acabar mi carrera en la capital francesa lo tuve claro, estudié tres meses de francés y me fui.
Ahora estoy trabajando en la serie À Paris donde retrato la vida cotidiana de la ciudad pero intentando mostrar todas sus caras y romper con el típico imaginario que todos tenemos en la cabeza. Pienso que París no es solo el Louvre, los estudiantes con libros de Camus o chicas con pamela y vestidos negros que “desfilan” por la rue Rivoli. Para mí París es mucho más, es la miseria que te puedes encontrar en cada estación de metro o lugares como Chateau Rouge u Olympiades que te transportan a una pequeña parte de África o China en tan solo 30 minutos de metro… Esto también forma parte de esta ciudad, aunque no se suela tener en cuenta.
Mencionas que has evolucionado en tu mirada fotográfica, ¿en qué ha cambiado, qué buscas ahora?
Siempre he tenido una pequeña obsesión por mostrar los rostros de las personas, para mí son los auténticos protagonistas de las imágenes y es por eso que en estos años cada vez voy perdiendo más miedo a acercarme a la gente, especialmente este último año donde he practicado sobre todo “fotografía callejera”. Mi devoción por el blanco y negro también ha cambiado, nada tiene que ver la edición que hacía antes con la que hago ahora, aunque sí es verdad que últimamente me voy interesando más en el color y las posibilidades que ofrece.
Y en el futuro, ¿hay otros proyectos que te gustaría iniciar?
Creo que dejaré de centrarme en la fotografía callejera, fundamentalmente porque es muy difícil publicar y participar en concursos con este tipo de imágenes debido a todas a las leyes en referencia a los derechos de imagen e intimidad. Ya tengo nuevos proyectos en mente de carácter más documental a los que me gustaría introducir algunos de los recursos que he aprendido este año.
Actualmente presenciamos (y disfrutamos) diferentes propuestas y manifestaciones del feminismo. ¿Para ti qué es feminismo? ¿Te consideras feminista?
Creo que si tienes algo de cabeza eres feminista, así que sí, soy feminista. Tienes razón, actualmente estamos viviendo toda una revolución histórica respecto a este tema y que se entremezcla con otros movimientos, como por ejemplo el transexual, y que está dando nuevas formas de feminismo o recuperando antiguas maneras que no tenían tanta visibilidad como puede ser el feminismo negro.
Somos afortunadas porque asistimos a una época donde se puede encontrar respuestas según la concepción que tenga cada persona sobre esta cuestión. No obstante, me entristece la desunión que veo en ocasiones dentro del movimiento, tengo la impresión que a veces olvidamos la existencia de una lucha común, base del feminismo, que es la igualdad. Para mí el feminismo es eso, la obtención de la igualdad a través de un sistema de sororidad que nos ayude a conseguir nuestro objetivo juntas.
También los géneros están en un momento de revisión, llevada a la práctica del día a día, en un intento de ampliar las opciones limitadas por el binarismo de la sociedad. En tu caso ¿de qué género te consideras? ¿Cómo te gustaría que fuesen los géneros en el futuro?
De nuevo creo que puedo decir que podemos sentirnos afortunadas de vivir en un periodo de la historia donde estas cuestiones no solo son más accesibles sino que también se van alejando de los exclusivos ámbitos académicos, permitiendo así su aparición cada vez más en diferentes disciplinas. Ante tu pregunta sobre mi género, y centrándonos en una perspectiva completamente binaria y general, creo que soy más masculina que femenina, no obstante adoro la cantidad de oportunidades que ofrece este concepto e intentar transgredir sus barreras con estilos tanto “masculinos”, por ejemplo toda la cultura tomboy, drag-king, butch o bien “femeninos”… Me parecen un universo de posibilidades a explorar, especialmente desde su punto de vista performativo.
Para finalizar, ¿nos podrías recomendar tres artistas inspiradoras que trabajen con perspectiva de género?
Me gusta mucho el trabajo de Carole Scheeman, tanto a nivel político como a nivel artístico, aunque es verdad que me quedo con la agresividad y la crudeza de sus trabajos estáticos más que con los performativos.
Bettina Rheims es mi gran descubrimiento de este año a través de su libro Rose, c’est Paris. Me parece una fotógrafa con una larga trayectoria y que ha tocado muchísimos estilos, aunque es verdad que su figura no es demasiado conocida fuera de los círculos artísticos. En relación a la perspectiva de género tiene Gender Studies, una serie que me parece bastante buena, aunque es verdad que se podría haber sacado más potencial, en mi humilde opinión.
Por último, y sin dejar atrás lo nacional, me parece interesante la obra de Cristina Nuñez, que descubrí gracias a la plataforma Género y Figura que reivindica el papel de las mujeres fotógrafas en la historia. Recomiendo investigar tanto a Cristina como a la plataforma.
Fotografías de Teresa Suárez
Publicado por Eva Viera [Artista visual interesada en la construcción social del género, el cuerpo y los afectos]












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