PANTALLA SÓNICA #30 | Dora García
Dora García no necesita presentación, este año gracias al proyecto Visiones Contemporáneas en el DA2 he podido conocerla personalmente y encontrarme con una persona honesta, muy muy trabajadora, versátil, avanzada y con un gran sentido del humor. Con ella hablo de la exposición que ha tenido lugar este año en el Reina Sofia, Segunda Vez, de Oscar Masotta y de quienes la inspiran. De performance y performers, de la complicada tarea de ser artista visual y poder vivir de ello. De viajes, de internet y de proyectos futuros. En la Pantalla Sónica de Inquire Magazine, una invitada que es un lujo.
Hola Dora, un placer tenerte este mes en Inquire Magazine.
Termina un año intenso y muy importante para ti Dora. Abruma ver todo lo que has hecho, desde la gran exposición en el Reina Sofia Segunda Vez, ganar el FidMarseille con la película, girar con ella por un sin fin de festivales, recibir el Premio de Mecenazgo y artes plásticas de Caixa Forum. Haberte tenido también presente en las Visiones Contemporáneas del DA2. Mil cosas. ¿Qué ha supuesto para ti toda esta vorágine? ¿Qué valoración haces ahora con un poquitín de distancia sobre este 2018 que estamos acabando.
Bueno, yo siempre me he considerado dentro de la clase trabajadora del arte, primero, porque trabajo desde el año 91 creo cuando estaba en los últimos cursos en Amsterdam; trabajo mucho y nunca ha tenido ese trabajo un eco extraordinario, aunque claro todo es relativo. Lo que quiero decir es que hace muchos años que trabajo y que el trabajo, la práctica artística diaria es siempre bastante desértica y solitaria, y para alguien con tanta tendencia a la autoflagelación como yo, está llena de peligros. Pero lo bueno que tiene es que este trabajo es acumulativo y cuando por razones completamente aleatorias alguien te presta atención, pues tienes un buen fondo de armario, un repertorio con muchas posibilidades, que te permite producir rápido cuando la ocasión se presenta. Pero siguiendo un refrán muy castellano, “día de mucho víspera de nada” de modo que los faros no me deslumbran porque sé que el desierto sigue. Pero por otro lado, estoy naturalmente muy agradecida por la atención, sabiendo también que hay muchas artistas que la merecen tanto o más que yo. Especial ilusión me hace el premio del FID, porque siendo como soy una completa analfabeta en el cine, una verdadera advenediza, he conseguido entusiasmar a un equipo que ha hecho posible Segunda Vez, y hacia los cuales debe de ir todo el crédito de este premio.
También leí en una de “esas listas” que se publican regularmente que eras la única artista visual española en la lista de las más cotizadas del mundo. El TOP lo encabezaban Cindy Sherman, Louise Bourgeois y Rose Marie Trockel. Ese listado me parece digno de análisis, tú estás bien posicionada a nivel internacional pero está claro que hay un problema con la visibilización de las artistas mujeres españolas. Con los hombres pasa un poco igual, el único español en la lista es Santiago Sierra. ¿Tenemos un problema? (más bien afirmación)
Esas listas son una soberana tontería. Yo no sé de dónde se sacan que yo soy la única artista española “entre las más cotizadas del mundo” si no puedo vivir de mi trabajo ni puedo pagar un asistente, y me gano la vida de profesora. ¿De qué cotización están hablando? Siempre he tenido una vida precaria como todos las artistas que conozco, hasta que he empezado a dar clases, y tengo que trabajar de sol a sol simplemente para mantener la cabeza a flote, y esta es la historia del 99% de las artistas. Esas listas son un canto de sirena para evitar que se vea la miseria general en la que viven los artistas plásticos, y aún si vemos a los jóvenes, visibles en las revistas, “darán que hablar… etc…”, podemos creernos algunas historias de “éxito”, pero hacerse viejo siendo artista visual es un drama. Estar en esas listas no significa absolutamente nada. Pero, en efecto, tenemos no un problema, tenemos muchos. Para empezar, tenemos el problema de una educación pública – que debía ser la única – deficiente, profesores mal pagados y peor considerados, políticos que hacen alarde de una ignorancia pasmosa, escasez de modelos femeninos (habiendo como hay tantas mujeres admirables en la historia cultural española), un patriarcado estructural, un capitalismo ciego, ignorante, chulo; un nacional catolicismo en plena forma, banderitas por todas partes. En España no hay una tradición de coleccionismo, el arte contemporáneo siempre ha sido tratado como un timo, solo a veces resultón para las reuniones sociales. Las artistas españolas tienen que luchar contra viento y marea, es un trabajo titánico; lo que es milagroso es que alguna consiga un poquito de reconocimiento.
La verdad es que me hizo ilusión cuando te vi en la lista, justo por que conozco tu trayectoria, trabajo y tesón durante tantísimos años, pero tienes toda la razón. Es una burbuja, “la burbuja del arte contemporáneo” que en España es aun más triste porque como bien dices no hay tradición de coleccionismo, existe un vacío en la educación pública y más allá del postureo institucional con ciertas inauguraciones expositivas, no se hace caso ni al arte ni a las artistas. Más allá de la precariedad para llegar a fin de mes que es lo más duro. Ni siquiera termina de llevarse a cabo una verdadera ley de mecenazgo o el estatuto de artista que sí funciona en otros países como Bélgica, país que tú conoces muy bien. Viviste allí durante casi 20 años y luego regresaste a España, a Barcelona donde resides actualmente. Al hilo de todo lo anterior, quizás ese “poquito de reconocimiento” del que hablabas viene de haber trabajado fuera, con galerías y museos extranjeros también, etc ¿Cuál es la aportación que te da Barcelona y estar aquí, ahora?
Bueno yo “volví” – que es una expresión muy del sigo XX, porque la verdad ahora no se “vuelve”, no es una cosa tan trascendental ya que es muy fácil viajar y moverse y puede decidirse, o no tener más remedio que, trabajar y vivir en sitios diferentes -. Digo, yo volví por razones familiares, aunque volví a Barcelona donde no había vivido nunca antes, pero había trabajado en varias ocasiones. Barcelona me aporta el ser un lugar muy agradable para vivir, sobre todo, en el que mis hijos se han hecho ya casi adultos, además de catalanoparlantes e identificados con la ciudad; y que es una ciudad formidable para pasear. No creo que me aporte nada a nivel profesional, pero sí mucho a nivel humano, de gente, y de vivir. Eso es lo más importante.
Hablemos de Segunda Vez, el gran proyecto: incluye una película de largometraje, cuatro cortometrajes y tres publicaciones, además de aglutinar la gran exposición que hemos podido ver durante 5 meses en el Reina Sofía.
Pues es un proyecto que nació de una conversación en el 2014, cuando oí ese nombre por primera vez, Masotta, y prosiguió con un enamoramiento absoluto cuando leí los textos que me pasó Jesús Alcaide; y es por los textos de Masotta yo creo que me impongo a mí misma la obligación de prestarle toda mi atención, se convierte para mí en una figura única, y cercana, y necesaria, y con la que puedo identificarme. Y con la cual he entendido muchas cosas, y conocido a grandes personas. Ha ocupado cuatro años de mi vida y es una voz que aprecio y reconozco. Alguien que contiene grandeza y fragilidad, generosidad y diletantismo, alguien que me es simpático. Siempre me ha gustado mucho encontrar afectos especiales entre los que no están: Joyce, Masotta, Basaglia. Me gusta mucho departir con Los Muertos.
Más allá de etiquetas identificativas de “artista político” siempre me has parecido activista, honesta contigo y con tu obra. Sin embargo, sí que esta Segunda Vez podemos considerarla tu obra más explícitamente política hasta la fecha, al tratar el tema de los desaparecidos durante la dictadura argentina. ¿Cómo te enfrentas a esta parte de la historia de un país que no es el tuyo? Inevitable pensar también en “nuestros desaparecidos” de la Guerra Civil.
¿Cómo se ha recibido la película en la propia Argentina?
Por lo que yo sé, la peli se ha recibido muy bien en Argentina, y se ha proyectado ya casi seis veces allí, y también en Chile, me llegan muy buenos ecos. Bueno, hasta ahora no he elegido mucho mis temas, sino que me han elegido ellos a mí: me he encontrado con ellos. Pero ahora, que empiezo a pensar que mi tiempo es limitado, hay dos cosas sobre las que quiero trabajar antes de que sea tarde: un proyecto sobre una mujer (una gran mujer) y sobre la perspectiva femenina de las cosas, o más bien debería decir, sobre la perspectiva no-masculina de las cosas. Y quiero hacer un trabajo sobre el asesinato de Lorca, me da un poco de vergüenza decirlo, pero a partir de una entrevista con el poeta Luis Rosales en “a fondo” que vi recientemente, he pensado que me gustaría trabajar sobre eso, porque creo que el cadáver de Lorca es una especie de agujero negro en este país, por el que podríamos pasar a otras dimensiones. Por supuesto no son grandes producciones ni biopics, ninguno de los dos. Son más bien reflexiones.
Hablabas antes de tu relación con “los muertos”: escritores, filósofos, cineastas, psiquiatras, humoristas… Forman parte del imaginario de tu obra. ¿Actúas de algún modo como homenaje a todos estos referentes intelectuales?
No es un homenaje, es una conversación real, casi un poco paranormal.
Trabajas en función de ideas, de conceptos, utilizando después los soportes más adecuados para llevarlas a cabo; textos, dibujo, video… pero entre todos ellos “gana” la performance. Uno de los encuentros más bellos de la exposición en el Reina, era ver las salas e incluso los espacios de tránsito del museo, donde nunca pasa nada, “vivos” con los performers actuando. Tus películas y vídeos son también muy performativos, incluso teatrales. ¿Cómo definirías performance? y ¿cómo la interrelacionas con otras disciplinas artísticas?
Performance es una palabra que ha mutado y sigue mutando y ahora mismo designa todo lo que no es objetual ni fílmico. Es un gran cubo en el que cabe el teatro, la danza, y lo que antes se llamaba performance. Yo tengo predilección por los términos happening, porque una performance es sobre todo algo que ocurre; y “situación” porque una performance puede muy bien evitar cualquier tipo de acción. Pero el nombre que elegí hace ya casi veinte años sigue siendo con el que me encuentro más a gusto, “insertos en tiempo real” eso es lo que para mí es el trabajo que hago.
Además tradicionalmente tendemos a imaginar al propio artista como protagonista de la performance pero en tu caso delegas en otros.
Sí, fue cuando me di cuenta que no tenía que hacerla yo cuando me atreví a hacer performance. Porque yo odio que me miren.
¿Te apetece que hablemos de la movida que sacó El Español sobre un supuesto maltrato económico a los performers de Segunda Vez o no merece la pena? Entiendo que esas cosas afectan, sobretodo cuando se está a punto de inaugurar una exposición.
Bueno aprovecho esto para puntualizar algunas cosas: cuando el egregio investigador periodístico del que no recuerdo el nombre ni me quiero acordar, escribió el deleznable artículo, aún no se habían determinado ni siquiera las horas de trabajo, de modo que malamente podría determinarse lo que se pagaba por las horas. Aunque yo le contesté de buen rollo y le expliqué esto, él publicó lo que le dió la gana, porque por supuesto ni yo ni mi trabajo ni la situación laboral de los performers tenían interés alguno para él: él lo que quería era atizar a Manolo Borja y me usó de objeto arrojadizo. Lo más doloroso del caso es que se aprovechó de que yo no me había entendido con los performers seleccionados en el casting organizado por el museo, yo no vi que pudiéramos funcionar como equipo y por tanto les dije que lo mejor era terminar la colaboración antes de siquiera empezar contratos, horarios o ensayos – y alguno de esos performers se vengó compartiendo con el egregio periodista un e-mail que les envié, que era personal, y además, educadísimo – porque yo no mando otro tipo de e-mails, a pesar de nunca siquiera sospechar que mis e-mails personales se los van a mandar a periodistas. Puedo decir que siempre he trabajado muy bien y muy feliz con todos mis colaboradores, y basta leer el blog para ver el bellísimo ambiente que hubo en Segunda Vez. Siempre me sorprende el grado de odio que hay en la vida cultural española.
Hace unos meses leí una entrevista, un encuentro en El País entre Isidoro Valcárcel Medina y tú. Desde mi punto de vista sois los dos artistas más maravilla que tenemos en España y los dos coincidís en no vivir, en no haber podido vivir nunca del arte. En tu caso, te dedicas a la docencia. ¿Cómo se maneja esa situación?
Pues no es lo ideal evidentemente, a mí me gustaría dedicarme a mi trabajo al 100%, pero eso no es posible y la verdad me encanta la docencia, aprendo muchísimo de mis alumnos, que evitan que me fosilice -y creo que he llegado a un punto en que no hay mucha diferencia entre la enseñanza y la práctica artística- trabajo con los estudiantes y hacemos libros, performances, películas juntos que me satisfacen muchísimo.
De entre las artistas más jóvenes, quién te gusta especialmente, ¿sigues la trayectoria de alguien en particular?
Bueno, les sigo en parte porque me interesa su trabajo pero también porque me interesan ellos, porque creo que son personas inteligentes e interesantes, a veces no estoy muy al día de su trabajo, pero estoy segura que será estupendo porque ellos lo son. Seguro que me dejo a alguien pero puedo citar a Alex Reynolds, David Bestué, Paloma Polo, Mahmoud Khaled, David Bernstein, Tamara Kuselman, Alicia Kopf, Osías Yanov…
Sí, Alex justo me parece muy en sintonía con gran parte de tu obra.
Volviendo a tus proyectos, hay uno que pusiste en marcha hace ya unos años, El Café de las Voces, una serie de encuentros que se han dado en ciudades como París, Hamburgo, Madrid, Barcelona o Valladolid y giran en torno al intercambio de experiencias y la desestigmatización de todos aquellos que escuchan voces. ¿Cómo surge y en que momento estáis actualmente?
Surge de un recuerdo de estudiante, cuando estaba en Holanda, y andando por Utrecht me encontré con un póster sobre la ventana de un bar cerrado que decía: “mañana, café de las voces” (“morgen, hearing voices café”). Cuando me propusieron presentar un proyecto en la exposición Illness as Metaphor, en Hamburgo, me vino ese recuerdo como un flash, me puse a investigar y descubrí el apasionante hearing voices network. Del deseo de saber y comprender más nace este proyecto, que quiere reunir a todos aquellos interesados en el fenómeno de oír voces y sus implicaciones culturales y sociales, en un café.
Es muy de agradecer tu relación con las plataformas online, como tumblr o Vimeo para colgar tus proyectos. Eres activa en Facebook y Twitter también, dando tu opinión sobre distintos temas de actualidad. No es algo habitual esta relación abierta con todo lo digital por parte de los artistas, sobre todo cuando alcanzan cierto status. ¿A qué crees que se debe esta todavía disociación entre las herramientas online y el mundo del arte contemporáneo?
No tengo ni idea. Tampoco creo que tenga yo ningún status que me diferencie de nadie. Para mí el uso de las plataformas online es algo muy natural -cuando trabajaba con José Luis Brea, a finales de los noventa, inventamos sistemas de suscripción que preludiaban lo que luego sería tumblr, Facebook-. De modo que antes de que hubiera social networks ya los intentábamos inventar. Con lo cual, es algo tan sencillo como enviar una invitación o tener una conversación.
Ya para terminar, no me puedo despedir sin preguntarte por tu siguiente proyecto, ¿en qué estás?
Estoy trabajando en un proyecto sobre la figura de Alexandra Kollontai. Y sobre La Peste de Camus. Y sobre el amor…
Estaremos atentas. Muchas gracias Dora, ha sido un placer charlar contigo. Feliz fin de año.
Besos!
Imagen de portada: Dora García (derecha) con el comisario Guillaume Désanges y el performer Xavier Gorgol por Isabelle Arthuis
Publicado por Natalia Piñuel [Productora cultural desde Playtime Audiovisuales y coordinadora de la plataforma She makes Noise]







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