ELISA GONZÁLEZ MIRALLES | Una fotógrafa alejada del wannabe

 

Las historias cambian las mentalidades y las mentalidades cambian la Historia. Eso podría decirse del trabajo fotográfico de Elisa González Miralles (Madrid, 1978), un trabajo que reflexiona sobre lo que nos rodea, que lanza preguntas sin esperar respuestas cerradas, que nos obliga a reflexionar.

En 2005 presenta su primer trabajo fotográfico, Luz y Tanaka, en el Festival Internacional de Fotografía de Roma, un reportaje iniciático sobre su viaje a Birmania. Se especializa en fotografía documental realizando en 2006 el máster de la Escuela EFTI en Madrid. Ese mismo año obtiene una beca del World Press Photo, Asian Europe Foundation y Philippines Centre of Photojournalism, para formar parte del proyecto Urban Youth en Manila (Filipinas), donde lleva a cabo el reportaje Dancing Manila, que refleja la vida de jóvenes estudiantes de la escuela de baile Step Dance Studio. Más adelante, en Recuerdos sin memoria (ganadora del FotoPres de la Caixa de Cataluña 2007) mostró la parte visible y diaria de una enfermedad silenciosa como el Alzheimer, la enfermedad de su abuela, la de muchos. Se expuso en CaixaForum Barcelona, y posteriormente por todo el país. Fue el proyecto que le sirvió de punto de inflexión: “O lograba ser fotógrafa o tendría que ser ingeniera el resto de mis días” (es licenciada en Ingeniería Química por la Universidad Complutense). Ya en 2009 fundaría MADPHOTO con Damián González y Manolo Yllera. A partir de ahí, vuelca toda su energía en sacar adelante la escuela de fotografía y deja en un segundo plano su trabajo más personal. Hasta “hoy”, que arremete con más fuerza que nunca en el panorama artístico patrio con sus proyectos fotográficos.

Y, aunque su último trabajo aparece bajo el nombre de Wannabe, ella no se acerca ni de lejos al significado de ese término anglosajón. Recientemente, presentó su libro de fotografías homónimo en La Fábrica y justo ahora podemos ver su trabajo en una exposición colectiva, comisariada por Jesús Micó, en Canal de Isabel II. Se inauguró el jueves 11 de mayo y es una apuesta de visibilización de una nueva generación de fotógrafos españoles. La propuesta de Elisa González Miralles es instalativa, pero también hay fotos y dos piezas de vídeo que evidencian claramente su comprometida línea de trabajo. ¿Te la vas a perder? Ella misma nos lo cuenta todo sobre su trayectoria, para que puedas ir a ver su exposición con conocimiento de causa.


¿Qué te lleva a estudiar Ingeniería química? ¿Qué te lleva a no trabajar en ello?

Con 18 años yo no tenía nada claro. Era buena en ciencias y además me encantaba el arte y siempre había estudiado pintura. Creo que tiró más la opinión familiar, mis buenas notas, y el hacer una carrera con “salidas profesionales”, y me dejé llevar por la titulitis. Estaba acostumbrada a estudiar, y fui avanzando, pero en el cuarto año me di cuenta de que yo no quería ser eso, y cuando terminé y tuve la opción de coger un trabajo que me ofrecían, colapsé y me entró mucha angustia, así que decidí tomarme un año para pensar.

¿Cuándo empieza tu pasión por la fotografía y por qué? ¿Ya soñabas con ser fotógrafa de pequeña o esa inquietud vino después?

Como comentaba, desde pequeña fui a clases de pintura y, aunque dibujaba bastante mal, la parte del color me entusiasmaba. Estudiando la carrera, un amigo me enseñó a manejar la réflex analógica de mi padre, salíamos a hacer fotos y lo disfrutaba muchísimo. Así que en ese “año para pensar” me apunté a un curso de revelado, luego otro de fotografía e iluminación y después decidí apostar por hacer un máster. Me fui metiendo poco a poco, y hasta hoy, y estoy feliz de haberlo hecho.

¿Qué es para ti la fotografía? ¿Hacia dónde crees que va la fotografía?

Es un medio para entender el mundo, relacionarme con él, conmigo misma, hacerme preguntas y reflexionar sobre el porqué de las cosas.

Creo que la fotografía tiene muchos caminos, el más universalizado como registro de memoria, instantes compartidos y álbumes de recuerdos; otro que es el oficio de fotógrafo como forma de vida; y un tercero que es la autoría, que particularmente es el que más me llena. La fotografía de autor está generando nuevos discursos narrativos, está en un momento fantástico y confío en que irá evolucionando mucho más. Creo en el proyecto fotográfico como una relación de imágenes que hablan entre ellas para reflexionar sobre temas que nos inquietan. Esto será siempre necesario, desde cualquier tipo de manifestación artística.

¿Qué pasos has dado para poder dedicarte al mundo de la fotografía de forma profesional?

Primero formarme y después fui asistente de mis dos socios de la escuela, Manolo Yllera y Damián González, que me enseñaron lo que era de verdad trabajar de fotógrafa. Poco a poco fui teniendo mis propios clientes y ganando confianza.

Ahora que ya has pasado por muchos aprendizajes y superado muchos escollos, ¿qué consejos darías a alguien que quiere dedicarse profesionalmente a la fotografía?

Que estudie y se lo curre de verdad, que sea inquieto/a y consuma muchas imágenes, pruebe a copiarlas, que trate de acercarse a profesionales de los que aprender, que sea constante, puntual y lo más esponja posible.

¿Por qué creaste MADPHOTO? ¿Crees que el paso por una escuela de fotografía es necesario?

MADPHOTO fue una idea de mi socio Damián, que en aquel momento era mi pareja. Me embarqué con él y con Manolo Yllera en buscar un espacio donde desarrollar nuestras propias sesiones y enseñar fotografía de forma muy cercana y en un entorno lo más relajado y divertido posible. Y lo logramos. Vamos a cumplir 8 años.

Creo que pasar por una escuela no es estrictamente necesario, pero ayuda mucho, y no solamente por lo que puedes aprender en ella, si no por el contacto con personas que tienen tus mismas inquietudes, por la cercanía con los profesionales que te van a dar clase, y por tener un feedback de tu trabajo que te aliente a continuar.

 

¿Qué supuso para ti Recuerdos sin Memoria?

Fue mi primer trabajo con conciencia de proyecto, de querer comunicar lo que me estaba pasando, la situación familiar que vivía con mi abuela enferma de Alzheimer. Supuso relacionarme con ella desde otro lugar, enfrentarme a su enfermedad, a lo que estaba sucediendo en su cabeza, reflexionar sobre la ausencia y la memoria. Fue una especie de duelo anticipado.

¿Qué has querido contar con Wannabe?

He querido cuestionar los roles sociales, cómo por el hecho de nacer en una cultura cumplimos de forma inconsciente patrones de conducta. Y, en concreto, cómo la mujer está educada para satisfacer los deseos sociales, y convertirse en lo que se espera de ella.

¿Cómo ha cambiado el trabajo desde sus inicios en 2002 hasta su edición final (Tres tipos gráficos – Gonzalo Golpe) en 2016?

En 2002 fue mi primer viaje a Japón, aún no era fotógrafa, pero descubrí la existencia de las love dolls japonesas y surgió el germen del proyecto. Son muñecas sexuales hiperrealistas que se construyen a petición del cliente.

Fue 11 años después, cuando ya me dedicaba a la fotografía, cuando decidí hacer caso a esa idea que llevaba latiendo desde entonces y volver a Japón. En este segundo viaje fui sin un plan de trabajo cerrado, quería fotografiar lo más libremente posible. Cuando vi a las mujeres en la calle me parecieron muñecas vivientes, las percibí frágiles, autómatas, clónicas… era como si las muñecas de entonces hubieran cobrado vida. Comencé a fotografiar a mujeres en distintos contextos, me interesaron también diferentes productos de consumo (comida, juguetes..) y los peces, muchos peces.

De vuelta a Madrid analicé todo aquello, edité el trabajo durante 1 año y comencé a hacer maquetas, confrontando opiniones con mi pareja, que es también autor. Fue entonces, antes del siguiente viaje, cuando contacté con Gonzalo Golpe, para dar al trabajo forma de libro. Gonzalo se interesó de inmediato y comenzamos a currar juntos en la idea y cómo contarla, él me hacía las preguntas incómodas para que yo me las respondiera. Y con tantas preguntas sobre la mesa, investigaciones sobre el tema y una idea mucho más clara de hacia dónde tirar, volví a Japón. Esta vez fui directa a los rostros, me interesaba el plano sicológico, acercarme a las mujeres, sus gestos. Me informé sobre un showroom en Tokio donde podías ver y tocar a las muñecas sexuales. Quería ir, pero era necesaria la compañía de un hombre que hablara japonés, si no no me daban acceso, así que contacté con el fotógrafo Ricardo Garrido que lleva años viviendo allí y vino conmigo. Además, seguí fotografiando peces, en concreto peces globo. Me había hecho muchas preguntas sobre mi obsesión por fotografiar estos peces. Investigando un poco descubrí lo exclusivo de su carne, lo exquisita que es y lo demandada que está. Sólo unos pocos restaurantes en Tokio tienen licencia para prepararla, ya que es un pez que contiene un veneno mortal que hay que extraer durante su preparado. A la vuelta de este tercer viaje llegó otro año de edición y secuenciación, y nos planteamos hacer una maqueta más pro. Hablé con Alberto Salván del estudio Tres tipos Gráficos, y se unió al equipo. Alberto supo captar perfectamente lo que quería transmitir, y propuso un diseño que acompañaba a la idea y aumentaba su potencia.

 

¿Ha cambiado la estética o se ha matizado el mensaje? (Al principio hablabas incluso de envejecer, ahora solo de jóvenes que quieren ser como baby dolls).

La estética ha cambiado, he ido poco a poco quitando elementos al fotografiar, quedándome sólo en lo esencial para contar la historia. Ya no hay contexto y sólo manejo 3 elementos en el trabajo.

El mensaje se ha ido haciendo más contundente, hemos ido añadiendo más capas de significado, que están presentes en el concepto del trabajo y en la secuenciación de las imágenes dentro del libro. Parto de retratos de chicas más dóciles que poco a poco se van automatizando, y cierro con mujeres más mayores que luchan por continuar siendo jóvenes. Como telón de fondo ganan intensidad los peces, que van erosionando poco a poco sus mentes.

¿Por qué el fondo negro de las fotografías?

Para aislar el rostro, para lograr un retrato más mental, y lograr llevarme el trabajo a un plano sicológico.

¿Qué papel tiene el pez globo (fugu) en la narrativa de tu proyecto y por qué?

El pez globo simboliza el inconsciente de la mujer, el cautiverio. Además es un pez venenoso, cuyo veneno actúa inmovilizándote los músculos e impidiendo el movimiento, hasta que horas después, mueres por asfixia. Me parecía una bonita metáfora para hablar de cómo el deseo social envenena a las mujeres transformándolas en muñecas.

¿Qué nos puedes contar del libro? ¿Cuál ha sido su tirada? ¿Dónde podemos encontrarlo?

El libro lo ha publicado La Fábrica; Álvaro Matías vio mi maqueta en la edición de Fiebre Photobooks del año pasado y le gustó mucho. Meses más tarde me llamó y me propuso la publicación, y yo feliz de que apostaran por mi trabajo.

En ese momento comenzó la producción, una etapa que me ha fascinado conocer y donde cada miembro del equipo ha sido fundamental. Desde la preimpresión con Gonzalo Hernández y Víctor Garrido de La Troupe, hasta la impresión del libro en Grafilur, donde Dani Rodríguez ha sido clave en el resultado.

Se puede encontrar en la librería de La Fábrica, o a través de su tienda on-line y en muchas otras librerías internacionalmente, como Ivory Press, Panta Rhei…

Cuestionas el rol de la mujer y la construcción de la identidad en la sociedad nipona, aunque como comentas es un mensaje extrapolable a otras sociedades. Si volvemos a España, ¿cuál crees que es el rol de la mujer en el mundo de la fotografía contemporánea? ¿Te sigue costando encontrar referentes femeninos?

Creo que en España existe un problema de invisibilización de la mujer en cualquier ámbito social. Dentro de la fotografía también, y sí, cuesta encontrar referentes, porque nos enfrentamos a muchos años de invisibilidad. Es algo que va a costar tiempo cambiar y que en mi opinión comienza por plantear un sistema educativo diferente. Pero creo que desde el mundo de la creación se está comenzando a hacer ruido, a lograr pequeños avances y es una muestra de que si seguimos dándonos voz las cosas van a cambiar.

La mujer nipona se muestra “mejorada”. ¿No hacemos lo mismo en el resto del mundo cuando publicamos las mejores fotos (retocadas o pasadas por un filtro) de nosotros mismos en las redes sociales? ¿Qué opinión te merece este fenómeno?

Por supuesto que hacemos lo mismo, es exactamente así, por eso creo que el tema es universal. Intentamos satisfacer expectativas, dudamos de lo que tendríamos que ser, de la imagen que proyectamos socialmente. Las redes ayudan a crearnos un personaje que se acerque lo máximo posible a los estándares que nos venden.

Birmania, París, Japón… ¿Qué te han aportado estos viajes? ¿Qué destino viene luego?

Conocer otras culturas, relacionarme con personas distintas a mí, encontrar otras perspectivas desde las que entender las cosas, y mucho disfrute. Eso es lo que me han aportado estos viajes. Aún no sé mi próximo destino fotográfico, seguro que volveré a Japón porque me tiene muy pillada, también me gustaría hacer algo en Italia.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Llevo tiempo trabajando en una idea, me interesa el ser humano, su comportamiento social y su autoaceptación. Será un proyecto sobre la dualidad y la conexión con nuestra parte más salvaje.

 

 

Imagen de portada: Fotografía de la serie Wannabe de Elisa González Miralles


Publicado por Inma Flor [Periodista y catalizadora de proyectos]

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