PANTALLA SÓNICA #11 | Teresa Solar
Conocí el trabajo de Teresa Solar en el año 2010, con la obra Los Embajadores, donde ya se apreciaban distintas líneas y lugares comunes de su trayectoria. La reconstrucción de espacios dentro de la ficción cinematográfica, un paisaje cambiante y modificado por el paso del hombre, el hecho de la imagen reinterpretada y El Cairo, protagonista también de su última obra Al Haggara.
Entre una y otra obra ha pasado por distintas becas y ayudas artísticas, exposiciones colectivas e individuales con gran éxito, viajes, producción de obra multidisciplinar donde caben también fotografía y escultura, un proyecto de gestión cultural y ser una de las gatas del Roller Derby Madrid. De todos estos temas charlamos en la entrevista de este mes.
Hola Tere, un placer tenerte este mes en Inquire Project. Empecemos esta entrevista por el final, o casi. Recientemente terminaste el rodaje de tu segunda película Al haggara, háblanos de ella.
Al haggara es un documental sobre el Mukattam, la única monaña de El Cairo que en la actualidad sufre un agresivo proceso de explotación minera y que a su vez es la protagonista de una milagrosa levitación; el documental recorre los diferentes procesos económicos y sociales que ocurren en la montaña desde la base hasta su cima. La producción del documental sirve como pretexto para acercarme a la historia de mi familia egipcia, que todavía reside en El Cairo y que está en constante transformación debido a la emigración y al envejecimiento de sus miembros. Se trata de crear un paralelismo entre la situación actual de la montaña – en proceso de reconversión social y económica – y un ‘núcleo’ familiar deslocalizado – en constante transformación geográfica. La película alterna las escenas documentales con ficciones, que tienen como protagonista a una mujer que vive en un set de grabación. Estas imágenes se encuentran a caballo entre el making-of de una película y cierto simbolismo onírico destilado de las experiencias en la montaña.
El pasado mes de febrero inauguraste una exposición en el Centro La Panera de Lleida en colaboración con el artista Guillermo Mora ¿Qué habéis preparado juntos?
El Escritorio Circular es una gran instalación realizada en conjunto (a cuatro manos) en la que Guille y yo hemos fundido los lenguaje y procesos de trabajo de ambos. Planteamos una reflexión acerca de los diferentes estadios del lenguaje mostrando en la propia sala las diversas mutaciones de nuestras materias de trabajo.
Planteamos una gran instalación que parte de un mueble de trabajo poco común: el escritorio circular. La intervención se expande en el espacio y revela múltiples capas y dimensiones en forma de laberinto, en el que presentamos piezas creadas conjuntamente y donde las propias paredes y revestimientos acaban siendo parte de la obra.
Ha sido un proceso de trabajo muy bonito en el que Guille y yo, más allá de acercarnos a la obra del otro, hemos trabajado con ella como si fuera propia. Esto ha sido posible gracias al esfuerzo de ambos durante un año.
Retrocedemos ahora un par de años para hablar de tu primera película Todas las cosas que no están, que pudo verse en formato instalación en la Nave 16 de MATADERO pero que también hizo su circuito por distintos festivales de cine internacionales como Márgenes o FID Marsella. En la película, contabas el viaje a la manera de road movie de una mujer, interpretada por ti misma, que recorria los EEUU siguiendo los pasos del fotógrafo e inventor Harold Edgerton. La película toma como punto de partida la relación paradójica entre las fotografías de Edgerton, que hacían visible lo invisible, y los espacios donde se tomaron estas fotografías, que siguen siendo lugares prohibidos, cerrados. ¿Cómo surgió la idea de hacer esta película? ¿Cómo llegas a un personaje como Harold Edgerton?.
Cuéntanos también como fue el rodaje en la américa profunda, con qué equipo contabas y, enlazando también con tu nueva obra Al haggara, como llevas a cabo la producción de estas obras.
Todas las cosas que no están comenzó con el encuentro casual con las fotografías de Harold Edgerton. Yo estaba investigando en ese momento la historia de un submarino llamado Alvin, con el que se había explorado por primera vez el naufragio del Titanic, estaba particularmente interesada en la manera en la que Alvin podía recorrer e iluminar de manera parcial la enormidad del espacio submarino. Al buscar información sobre Alvin me crucé con una historia paralela en la que se contaba cómo el mismo Alvin se había hundido en los años 60 y cómo había sido localizado y rescatado a través de las cámaras submarinas más modernas de la época. Comencé a investigar las imágenes de Alvin naufragado y me topé con Edgerton y su empresa, EG&G, que había sido el inventor de esta cámara. En cuanto comencé a leer sobre el personaje me quedé enganchada con el nudo conceptual que suponía toda su carrera, desde la fotografía ultrarrápida hasta la fotografía submarina, pasando, claro está, por el programa nuclear de Estados Unidos. Y finalmente surgió la revisión de su figura a través de este road trip, revistando todas estas barreras que encontramos al acercarnos a los espacios en los que él trabajó y que nos impiden el acceso.
Pensando en los viajes, no sé si la palabra rodaje es muy aplicable a las grabaciones de Todas las cosas que no están y de Al Haggara, la humildad de los medios económicos y personales con los que yo abordo este tipo de trabajos creo que los coloca más bien en la categoría de viajes grabados. No entiendo este cambio de estatus como una degradación del trabajo sino como una toma de posición que condiciona también la naturaleza y la cualidad de las imágenes, que se acercan más a las de un turista que a las de un equipo de grabación de la industria. Me interesa que la imagen refleje una condición de grabación más inestable y ligera.
Trabajas en distintas disciplinas artísticas, interrelacionando fotografía, cine y escultura. Te mueves también tanto en el circuito de galerías y ferias de arte como en el de la sala cinematográfica o los festivales. ¿Qué diferencias, o preferencias incluso, encuentras entre una u otra? ¿Crees que hace falta mayor expansión y “cruces” dentro del arte contemporáneo? Quizás romper más con las etiquetas y espacios a los que socialmente y tradicionalmente va dirigido?
Como dices, mi trabajo funciona en un cruce de disciplinas y en este aspecto cada uno de los espacios que utilizo para exponer estos formatos me dan posibilidades de aproximarme al espectador y de comunicarme con él de manera diferente e igualmente interesante. Todas las cosas que no están me ha permitido acercarme a un público más acostumbrado al cine, que está dispuesto a concederte más tiempo, concretamente los 45 minutos que dura el vídeo, para recibir tus ideas. En este sentido me gusta mucho enseñar películas, porque te da más tiempo de conexión con el espectador. En las salas de arte el tiempo que te concede un espectador es mucho menor, pero también te permite un contacto directo y cercano con los materiales, con las texturas y con las distancias entre un elemento y otro. En este aspecto, la experiencia de El Escritorio Circular es ejemplar, ya que había una experiencia espacial intensa en la que el espectador experimentaba un espacio transformado a través de la iluminación y en la que podía apreciar un montón de materiales diferentes de una manera muy directa. Creo que todavía hay mucho por hacer en esta hibridación de técnicas y formatos pero que somos muchos los artistas que estamos ya trabajando en este cruce de plataformas y que se va normalizando esta manera transversal de entender la creación artística.
Después de El Escritorio Circular, ¿en qué estás?
Después de una ola fuerte de exposiciones estoy preparando nuevas producciones de cara al otoño. Participo en varios proyectos que me ilusionan mucho, estoy especialmente contenta con la residencia que voy a comenzar en octubre en Schloss Solitude, en Stuttgart y que también me va a permitir ser profesora residente en la Staatliche Akademie durante 5 meses. Y justo antes me voy a Chile, a hacer un proyecto muy bonito cerca del desierto de Atacama dentro de un festival de arte público que se llama SACO.
¡Suena genial! Muchas ganas de verlo todo. Esto creo recordar se lo pregunté también a Regina de Miguel hace unos meses pero, ¿cómo se vive con tanto viaje y estancias largas en ciudades tan distintas? ¿Se puede decir que esa es “la vida del artista”?
Yo lo veo como una de las grandes virtudes de esto a lo que nos dedicamos, no sólo te permite conocer espacios y gente nueva sino que además te permite distanciarte de la vida que llevas en tu campo base, que en mi caso es Madrid, y verla y verte desde el exterior. Luego vuelves y puedes recolocarte en la fractura que se ha generado entre el lugar conocido al que vuelves y esa sensación de extrañamiento que has experimentado en la distancia. Me encanta trabajar mientras viajo; la experiencia del viaje cambia por completo ya que no eres un espectador de ese sitio por el que transitas, sino que estás obligado a buscar recursos y espacios específicos, a fijarte en lugares y en procesos que un turista pasaría por alto; finalmente necesitas reaccionar a ese entorno nuevo activa y rápidamente, y esto transforma y enriquece la experiencia del viaje. No sé si a esto se le puede llamar “vida de artista”, en mi caso es un elemento fundamental para desarrollar mi trabajo.
Durante un tiempo, tenías base en Madrid, con esto quiero decir que trabajabas desde un espacio físico junto a otras artistas, que era RAMPA y estaba ubicado en Carabanchel. Un espacio de producción pero también de encuentro y reflexión en torno a las prácticas artísticas contemporáneas que además contaba con unas residencias muy especiales ¿cómo fue la etapa rampa? ¿por qué cerró realmente el espacio y no sé si teneis ganas o idea de reabrir el proyecto?
La etapa Rampa fue un momento muy importante y muy intenso para todos los que participamos en su gestación y desarrollo. Vino del firme objetivo de querer expandir los límites que le vienen dados a los artistas con el propio nombre de artistas; queríamos ser (y fuimos y seguimos siendo) comisarios, gestores culturales, mediadores, y toda la sarta de nomenclaturas que puedas encontrar bajo la categoría de agentes culturales. Queríamos reivindicar nuestro poder para crear nuestra propia plataforma de comunicación y trabajo, sin necesidad de esperar a que otros nos colocaran/legitimaran/eligieran para participar en las suyas. Rampa siempre fue un proyecto de perfil discreto, nunca tuvimos mucho público y la ciudad nunca pareció interesarse demasiado por lo que hacíamos; esto tuvo una cosa buena, y es que pudimos formar una pequeña comunidad, una pequeña red de apoyo de gente cómplice, con la que compartir nuestro trabajo y nuestras dudas, así que para mí Rampa ha sido una de las experiencias formativas más importantes de mi vida.
El final de Rampa vino marcado por un agotamiento de los que componíamos el espacio, empujar un proyecto como estos requiere mucho tiempo y mucho esfuerzo y al final todos acusamos el cansancio. Y también hubo un problema de dinero; al final era imposible encontrar dinero para seguir financiando nuestros programas y no quisimos retroceder en la calidad de los mismos, cosa que hubiera sido una consecuencia directa de la falta de fondos. Siempre pensamos en Rampa como algo cambiante y ligero, y por lo tanto siempre existe la posibilidad de que el proyecto surja de otra manera, en otro lugar y con otros objetivos.
Doy otro salto en el tiempo para comentar sobre tu formación académica. Estudiaste BBAA en la Complutense y el Máster de Arte Contemporáneo en la Universidad Europea de Madrid. ¿Cómo valoras esos años?
El sistema español tiene problemas como un desarrollo casi nulo de los intereses personales de los alumnos, pero también tiene muchas cosas buenas, te da la posibilidad de formarte bien técnica y teóricamente. Dentro de la carrera y gracias a una beca Erasmus pude estudiar en Inglaterra y contrastar ambos sistemas educativos; te das cuenta de que todos tienen sus puntos positivos y sus propias deficiencias. Finalmente lo importante es la trama de amigos y gente afín que tejes durante estos años, estas relaciones son las que te hacen crecer y desde las cuales surgen proyectos tan interesantes como Rampa.
Hemos hablado ya de Guillermo Mora pero ¿qué otrxs artistas coétaneos a tu generación y formación destacarías ahora mismo en España? ¿con quienes sientes afinidad?
Hay mucha gente haciendo trabajo de gran calidad. Me siento muy cerca del trabajo de Belén Zahera y Marian Garrido, somos amigas y compartimos muchos códigos. También me encanta el trabajo de gente como Jose Díaz y David Ferrando.
Quería terminar la entrevista, dando un giro de 180º con los temas artísticos y que compartieras impresiones sobre el Roller Derby, deporte que practicas, y sobre tu equipo ¡¡las super gatas!! Personalmente he asistido a algunos de los partidos y sin entender demasiado de las reglas del juego me lo he pasado genial, no solo por el deporte si no por como os tratáis también entre vosotras. Resulta curioso que un deporte tan duro -lleváis casco, rodillera, etc… para protegeros de los golpes- luego termine siendo tan cálido y afectivo entre todas las jugadoras, de uno y otro equipo.
¡Sí! El derby ha sido un descubrimiento importante en mi vida y que también ha repercutido en mi trabajo a muchos niveles. A mí personalmente me enganchó muy rápido por ser un deporte físicamente muy intenso y a la vez ser muy completo a nivel de juego en equipo, estrategia, etc. Yo creo que este cariño del que hablas tiene que ver con que la comunidad derby en España es pequeña e incipiente, los equipos se forman solamente por el esfuerzo que ponen las jugadoras no sólo por mejorar deportivamente sino para crear y mantener todas las estructuras de gestión, de financiación, de relación con otros equipos. Todos los integrantes de los equipos (jugadoras activas, árbitros, etc) participan en la gestión. Esto hace que la implicación sea mucho mayor que en otros deportes donde las plataformas de trabajo ya están resueltas, donde hay federaciones que verdaderamente gestionan el deporte y donde sólo se trata de entrenar y jugar partidos.
Cuando viene gente de fuera a jugar contra nosotras, somos nosotras mismas las que las acogemos en nuestras casas para que los viajes salgan más económicos, y lo mismo nos ocurre cuando nosotras salimos fuera; hay mucha generosidad y como dices tú, mucho cariño, porque todas sabemos que todas hemos trabajado mucho para estar en ese momento en la pista, porque sabemos el esfuerzo que supone finalmente jugar.
Muchas gracias Tere y ¡Feliz Verano!
Imagen de portada: Teresa Solar
Publicado por Natalia Piñuel [Productora cultural desde Playtime Audiovisuales y coordinadora de la plataforma She makes Noise]








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